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La Habana.- HACE seis décadas, aquel jugador de apenas 16 años e imponente estatura de dos metros vivió, junto a la delegación cubana, lo que después se reconoció como la epopeya del Cerro Pelado, en el contexto de los X Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico.
Primero, el gobierno de Estados Unidos dilató las visas, y después impidió que ningún medio de transporte de Cuba entrara a la isla boricua.
Pero los representantes cubanos defendieron su derecho, enfrentando esa violación en un evento auspiciado por el Comité Olímpico Internacional.
«Fue así que nació la Declaración del Cerro Pelado, nombre del barco en el que viajamos. El documento, leído por el presidente del Inder, José Llanusa, tuvo nuestro respaldo unánime, dispuestos a llegar a nado si fuese necesario», manifestó Ruperto Herrera, quien integró el equipo nacional de baloncesto hasta 1982.
«Era el 10 de junio, y con la presencia de los vuelos rasantes de los aviones estadounidenses, que trataban inútilmente de intimidarnos, allí se denunció ante el mundo el ilegal comportamiento del Departamento de Estado norteamericano, y nuestra inquebrantable determinación».
Finalmente, a las autoridades estadounidenses no les quedó más remedio que recogernos en unos remolcadores; ya Llanusa había ordenado, como estaba previsto, que bajaran los botes del barco para iniciar nosotros mismos el desembarco.
«Aquello fue traumático por el mal tiempo y el oleaje. Fue bien riesgoso. Era la mañana del 11 de junio, y luego del trasbordo en altamar bajamos y llegamos a tiempo a la inauguración en el estadio Hiram Bithorn».
Ruperto recuerda que en el recibimiento algunos apátridas los insultaron; «pero en el desfile, todos con uniformes blancos, fuimos aplaudidos por el público presente».
Tampoco olvida los días previos, cuando abordaron el carguero en Santiago de Cuba, donde se reunió mucha gente a despedirlos frente al barco mercante que capitaneó Onelio Pino, el timonel del histórico yate Granma que trasladó a los 82 expedicionarios dirigidos por Fidel.
«El Cerro Pelado había sido acondicionado con esmero, la verdad que nos sentimos muy bien. Era la primera vez que viajaba en barco y para mí, casi adolescente, aquello fue una fiesta. Me divertí mucho en aquella embarcación tan grande. Toda la estrategia para llegar a San Juan luego supimos que fue ideada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz».
Los entrenadores, conocedores de que la travesía sería por dos o tres días, planificaron la preparación de lo que se haría en el barco y las posibilidades que tendríamos de al menos hacer carreras, desplazamientos defensivos, prácticas de fundamentos, movimientos con balón, entre otros ejercicios.
Hubo un acuerdo para los horarios de entrenamiento, pues no todos los deportes podían hacerlo a la vez en la cubierta de la embarcación.
En la villa y en la competencia ¿cómo transitaron aquellas dos semanas?
Eran tiempos en que a los Juegos no asistían miles de personas como ahora, pero si participaron delegaciones de muchos países y fueron unas competencias en las que primó la calidad. En baloncesto, Puerto Rico presentó un buen equipo y con resultados, por eso fue el ganador; nosotros cumplimos al conquistar la medalla de bronce.
Tuvimos que enfrentar a provocadores, quienes habían ido desde desde Miami. Hubo muchos altercados y situaciones políticas en esos juegos y en muchos deportes, pero finalmente logramos el objetivo de representar a Cuba.
En el juego contra Puerto Rico, un apátrida cubano, aprovechando que nuestra bandera estaba detrás del banco y a las espaldas de los suplentes, donde había una cerca perimetral, intentó en pleno juego subir por el asta para cambiar nuestro pabellón nacional por uno de la antigua Unión Soviética; decían que éramos soviéticos. Pero los nuestros lo vieron, lo halaron por el pie y le cayeron a piñazos. El juego se detuvo, pero no lo permitimos.
Ese fue uno de los tantos actos que tuvieron que enfrentar por quienes estuvieron allí agrediéndolos e insultándolos.
Las molestias se sentían generalmente cuando íbamos a jugar o a entrenar, porque a la villa no puede entrar ninguna persona ajena al evento. Por disciplina, y más en ese escenario tan difícil, nos concentramos en la competencia como siempre hacemos los atletas cubanos. No teníamos que salir de la villa.
Fuimos a jugar y por un resultado, y hacia esa meta nos dirigíamos. Muchas veces hacíamos caso omiso a cualquier situación, no queríamos tampoco crearles situaciones al comité organizador, y que luego dijeran que los cubanos fuimos a buscar problemas. Nuestro propósito era jugar.
Cuando sumas 15 juegos regionales, cinco de ellos consecutivos como jugador, ¿cómo ves aquel hecho a la luz de estos días?
A la delegación la nombraron como la de la Dignidad, no había otra forma de llamarla. Muchos atletas que no pudieron asistir porque algunos ni habían nacido, hablan con mucho honor de lo que significó para ellos aquella epopeya después de leer y conocer lo que allí protagonizamos; se identifican con la delegación como guía para emprender compromisos como lo hicimos nosotros en aquel momento.
Todos éramos como hermanos, fuimos con el objetivo de representar a Cuba, siempre con una posición digna y revolucionaria ante las provocaciones. Sabíamos que iba a ser un evento muy difícil en el orden deportivo y político, y así fue como nos comportamos.
El día de la partida, Armando Acosta, primer secretario del Partido en la antigua provincia de Oriente, le dio la bandera cubana a Llanusa y él, al regreso, se la entregó. Fue un hecho que nos conmovió a todos. Estoy muy orgulloso, más con el paso de los años, de haber integrado esa delegación que marcó pautas y puso metas. Para mí ha sido uno de los más grandes honores que he tenido en mi vida.
¿Cómo fue tu primer encuentro con Fidel?
Cuando regresamos victoriosos de los Juegos y estábamos en aguas internacionales, cerca de Santiago de Cuba. Se nos acercó una lancha y ahí venía Fidel. Abordó nuestro barco y todos nos pusimos muy contentos.
Intercambió con los diferentes deportes y tuve la posibilidad de estar entre uno de ellos, del que atesoro una foto del instante en que por primera vez estuve cerca y pude hablar con él. Es un recuerdo que guardo entre las cosas más grandes que me han pasado.
Apenas era un niño, me parecía un sueño; era Fidel cerca de mí, junto a un grupo de compañeros míos. No era yo solo, pero parece que me vio tan joven, y me preguntó mi nombre, la edad, la estatura, porque ya llegaba a los dos metros con 16 años. Y se me quedó mirando como diciendo, no puede ser.
Éramos muchos, y siguió conversando con los demás. Yo me quedé con aquel recuerdo imborrable entre tantos que tuve después con él, pues en mi condición de atleta del equipo nacional fui uno de los escogidos cuando él empezó a jugar baloncesto en las noches, como un modo de hacer una actividad física. Le gustaba este deporte y lo jugaba en sus días de estudiante. Efectuábamos partidos generalmente entre atletas y dirigentes de la Revolución y del Inder. Él la pasaba muy bien, porque empezó a manera de recreación, pero creció tanto técnicamente que se convirtió ya en un jugador.
Siempre nos escogía a Pedro Chapé y a mí. Generalmente anotaba muchos puntos y jugábamos contra otros que jugaban bien, no era fácil ganar y cuando perdíamos había que jugar otro partido, no le gustaba perder.
Después tuve otros encuentros, yo como presidente de la federación cubana y comisionado nacional. En los Juegos Panamericanos de La Habana 1991 estuvo presente en partidos del equipo masculino y femenino. Y hacía la “ola” con toda la afición reunida en la Ciudad Deportiva. Respaldó el deporte, fue el que perfiló la estrategia para llegar a San Juan en 1966, muy comprensible y muy humano, un ser extraordinario.
(En su amplio historial, Ruperto exhibe participaciones en cuatro Juegos Olímpicos: México 1968, Múnich 1972 (medalla de bronce), Montreal 1976 y Moscú 1980, así como en dos Copas Mundiales FIBA.
Ha ocupado cargos internacionales en baloncesto, en la Odecabe y en Centro Caribe Sports, y desde hace casi treinta años en el Comité Olímpico Cubano, primero como vicepresidente, y en los últimos años de secretario de esta organización deportiva.)
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