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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
DOMINGO 25
OCTUBRE, 2020

La Habana
Año 62 de la Revolución
Cecilia Juara Rossell
Gimnasta a tiempo completo

El deporte es su vida. Con 12 años ingresó a la selección nacional y subió en innumerables ocasiones al podio de los juegos escolares nacionales...


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
miércoles, 29 de julio de 2020

Trayectoria...

Durante más de una década fue integrante de la selección nacional, medallista de plata en la Gimnastrada Mundial de 1977, comisionada nacional durante 20 años.

En la actualidad...

Miembro del Comité Técnico de la Federación Continental y jueza con categoría internacional.


La Habana.- CECILIA Juara Rossell es una de esas mujeres a las que algunos temen. Encara la vida diciendo lo que piensa, pero siempre con una sonrisa y mano extendida, ayudando para que las cosas sean mejores.

Quizás nació con esa persistencia o le surgió cuando decidió que la gimnasia rítmica sería el centro de su vida, a los seis años de edad. Nunca sabremos.

Sin embargo, muchos tenemos la certeza de que se trata de una persona necesaria por su capacidad de animar en el momento preciso, y de imponer disciplina asumiendo toda la responsabilidad.

El deporte es su vida desde que quedó fascinada con la gimnasia en el capitalino Parque Martí. Con 12 años ingresó a la selección nacional y subió en innumerables ocasiones al podio de los juegos escolares nacionales. También fue medallista de plata en la Gimnastrada Mundial de 1977 y estudió dos carreras universitarias.

Cecilia creyó que la Licenciatura en Derecho era el camino, pero no tuvo en cuenta que cuando el deporte se “mete” en la sangre resulta difícil eliminarlo. Por eso sucumbió ante su destino y terminó en la Licenciatura en Deportes, quedándose de lleno en el mundo que le apasiona.

Miembro del comité técnico de la federación continental de gimnasia, jueza con categoría internacional y durante 20 años comisionada nacional de la modalidad rítmica. Así puede resumirse en pocas líneas mucho tiempo de trabajo y compromiso, con más alegrías que tristezas.

Madre de un hijo al que confiesa «adorar» como a nada en este mundo, Cecilia posee una figura elegante heredada del deporte practicado. Habla bajito, pero con determinación, y luego de muchos años de trabajo juntas logré convencerla para que contara parte de su historia.

Siempre que le pedí entrevistar a figuras de la gimnasia cubana me desvió hacia otras. «No me gusta hablar de mí», era su respuesta sin decirlo. Ahora, tal vez por la insistencia, accedió desde Guatemala, donde transmite sus conocimientos y experiencias, a compartir vía online con los lectores de JIT.

Comencemos esta vez por el final… ¿Qué le dejó la gimnasia?

Las enseñanzas para enfrentar la vida. Desde muy pequeña fue una gran escuela, pero lo más valioso han sido las buenas personas con que he podido compartir.

¿Le hubiera gustado competir en esta época?

Me hubiera gustado ser gimnasta porque este deporte me apasiona y me encanta enfrentar grandes retos… Pero no lo hubiera practicado. Objetivamente creo que con mis características no me habrían seleccionado, habría sido complicado para mí. Disfrutarlo como espectadora sería mejor y más real.

¿La gimnasia ha cambiado respecto a la que practicó?

No su esencia, pero ha evolucionado. Se han generado exigencias como las de un modelo ideal de somatotipo y niveles extremos de flexibilidad. Esto ha generado que las gimnastas duren menos tiempo en el deporte, y que se brinde protagonismo a la evaluación de diferentes componentes de las reglas establecidas por el código de puntuación.

Infiero que no tenía buena flexibilidad… ¿Cuál era su mejor característica?

Tenía coordinación y potencia para ejecutar los saltos, y mucha habilidad para los elementos técnicos. En ese momento me favoreció el somatotipo: era delgada, con una estatura media y extremidades largas. Pero no tenía la flexibilidad extrema requerida en la actualidad.

¿Qué le gustaba y no durante sus años de atleta?

Disfrutaba hacer o crear elementos que generaran riesgos y tuvieran gran dificultad. Era lo mejor que hacía, pues no tenía ese gran potencial de flexibilidad. Fui buena en los saltos y tenía facilidades para el dominio de la técnica. El implemento preferido era la pelota, aunque el aro fue mi fuerte y con el cual alcancé las mayores puntuaciones.

No me gustaban mucho las clases de ballet, pero entendí su necesidad y aprendí a tolerarlas.

El momento que recuerda con mayor cariño…

Viví muchos, desde la selección para la escuela nacional, salir campeona en las categorías escolar y juvenil, integrar la preselección cubana con apenas 12 años y convertirme en reina entre mayores y universitarias durante los cinco cursos de la carrera en la Universidad de La Habana.

También me siento feliz por haber representado a mi país en tres campeonatos mundiales, y por formar parte del comité ejecutivo del Comité Olímpico Cubano durante dos ciclos. Pudiera mencionar otros, pero hay uno especial: la medalla de plata lograda durante la Gimnastrada Premundial de Leipzig, en Alemania, en 1977. De eso no se conoce mucho, ocurrió previo al campeonato del orbe y participaron atletas de primer nivel.

Logré la medalla en ejercicios con aro, superando a Irina Dierugina, principal figura del momento. Además terminé sexta en el all around. A esa competencia no pude asistir con mi entrenadora Juana Bravet, pero superé todo eso y logré un resultado importante que nunca se reconoció lo suficiente.

Desde el punto de vista de la entrenadora… ¿Qué no puede faltarle a una niña que quiera dedicarse a la gimnasia?

En primer lugar pasión y amor por la disciplina. Sin eso difícilmente lo logre, aunque posea cualidades naturales. En lo físico debe tener flexibilidad y coordinación, y un somatotipo con tendencia ectomorfa. Es decir, entre otras cosas piernas más largas que el tronco, algo que si bien no determina, sí favorece el desempeño. Existen otros parámetros, pero esos son los indispensables.

¿La mejor gimnasta cubana de todos los tiempos?

Nuestro país ha contado con excelentes exponentes, cada una con características diferentes y enfrentadas a reglas y épocas distintas. Admiro el trabajo de todas, pero creo que la más completa ha sido Sonia Pedroso.

Ella nació para practicar este deporte, tenía un estilo propio, se distinguía por la potencia y técnica en los saltos, y por la ejecución de grandes dificultades en la relación aparato-cuerpo. Marcó internacionalmente lo que era la escuela cubana de esta disciplina.

Por supuesto, existen otras de un valor increíble. Viví, estuve involucrada de una forma u otra con las carreras de Lourdes Medina, nuestra reina en juegos panamericanos, la etapa más divulgada y conocida; y de Yordania Corrales, primera campeona centrocaribeña durante el debut de la modalidad en esas citas.

Soy una apasionada de la gimnasia y me encantó ver a otras muy buenas, aunque no tuvieran resultados tan destacados. Disfrutaba mucho su trabajo y por cuestiones de tiempo es difícil hablar de todas.

¿Demasiado tiempo como comisionada? ¿Qué sabor le dejó desempeñar esa tarea durante 20 años?

Se dice fácil, pero no lo es. Representa un alto compromiso y responsabilidad con el trabajo. Implica dedicación, entrega y sacrificio; buscar estrategias junto al equipo de trabajo que logres conformar y saber llevar las relaciones interpersonales.

Eso es fundamental porque trabajas con mujeres que, como una, intentan equilibrar las responsabilidades domésticas, el cuidado de los hijos y las funciones laborales…

Me queda la satisfacción de que en cinco ciclos olímpicos estuvimos entre las medallistas en eventos multidisciplinarios, a pesar de situaciones adversas. Eso fue posible por el trabajo desarrollado en equipo. Por eso agradezco inmensamente a todas las personas que participaron en cada proceso.

También requirió de tiempo la superación profesional. Realicé estudios de maestría y actualización como juez internacional en cada ciclo olímpico.

¿Cuántas personas le ayudaron en todo lo logrado?

Difícil de responder, porque hay muchísimas… Desde mis entrenadoras, porque de todas recibí cosas positivas y sería injusta al individualizar.

Tampoco puedo dejar de mencionar a mis padres y la familia, un apoyo invaluable en cada etapa de mi vida. Además aprovecho para agradecer de corazón a todas las personas que aportaron el más mínimo detalle a mi progreso como persona y profesional. Sin ellos, nada hubiera sido posible.

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