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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
LUNES 23
JULIO, 2018

La Habana
Año 60 de la Revolución
Odalis Cala Díaz
«Mi arte era el de encestar balones»

Su sapiencia en temas deportivos le permite ganar la atención de aficionados y autoridades en cada una de sus declaraciones.


Por: JIT Colaborador
viernes, 30 de diciembre de 2016

Trayectoria...

Integrante del equipo cubano de baloncesto ganador de la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Malasia 1990, del subtítulo en los IX Juegos Panamericanos de Caracas 1983 y del cetro en el XVI Juegos Centroamericanos y del Caribe de México 1990.

En la actualidad...

Transmite sus experiencias a nuevas generaciones en su provincia Pinar del Río.


Por Eduardo Grenier Rodríguez (Estudiante de periodismo)

CONFIESO que me sorprendí al conversar con Odalis Cala Díaz. La imaginaba una mujer impaciente, de esas que a veces no piensa sus respuestas, merced de su ritmo frenético sobre los tabloncillos. Sin embargo, quizás por paradoja, en sus palabras hay una alta dosis de paciencia y humildad.

También he de revelar que no tuve el inmenso regocijo de ver sus espectaculares dotes como baloncestista —no son pocos quienes me han contado—, y me siento un desafortunado por ello.

Lo que sí puedo asegurar es que Odalis es una mujer de esas que habla limpiamente, sin temor alguno. Cuando hay que poner “los puntos sobre las íes”, ella lo hace sin vacilar, pues su sapiencia en temas deportivos le permite ganar la atención de aficionados y autoridades en cada una de sus declaraciones.

¿Cómo fueron sus inicios en el baloncesto?

Yo entro al baloncesto por casualidad. Vivía en el municipio Sandino y siempre me gustó mucho el deporte. Era muy activa, jugaba con los varones al béisbol. Pero mi sueño era entrar en la escuela de arte. Mi hermana averiguó y dijeron que era muy alta y no cumplía los requisitos.

Entonces me dicen de la escuela deportiva de Pinar del Río (EIDE Ormani Arenado). Vine para acá (Pinar), hice las pruebas de atletismo, y comencé en ese deporte.

Allí estuve dos meses con Silvia Costa. Hasta que el profesor “Poty” (en referencia a Reinaldo Perdomo) me explicó en qué consistía el baloncesto y eso me llamó la atención. Entonces mi arte pasó a ser el de encestar balones.

Tras mi paso por la EIDE me captaron para la ESPA Nacional y rápidamente pasé a integrar las filas del equipo juvenil cubano con el que participé en algunas competencias como los Juegos de la Amistad.

Usted formó parte de una generación de jóvenes y talentosas basquetbolistas que representaron a Cuba en eventos foráneos con muy buenos resultados.

En el Cuba, esa generación de atletas que integrábamos el equipo juvenil conseguimos un segundo lugar en una competencia de nivel mundial en que estaban representados todos los continentes. Eso fue en el año 1979, luego nos mantuvimos juntas en la categoría de mayores y llegamos a estar entre las mejores del mundo.

Entonces es específicamente a partir de 1979 que comienza el crecimiento del básquet en Pinar del Río.

Fuimos, entre otras compañeras, Ana Gloria Hernández, Zenaida Azcuy, Gladys Chacón, yo y otro grupo, que iniciamos la mejoría de Pinar del Río en el baloncesto femenino, hasta el punto que logramos alcanzar lugares cimeros a nivel nacional.

Ese equipo comenzó prácticamente al unísono, pues varias jugadoras se retiraron y dieron paso al equipo de juveniles. Comenzamos a subir, escalonando resultados, hasta que llegamos a los primeros puestos.

¿Cómo entras al team Cuba de mayores?

Pues te hago una anécdota: en el juvenil éramos 24 niñas y yo era del último grupo. O sea, comencé en el quinteto más rezagado, con muy poco fogueo y, sin embargo, terminé siendo regular. Al segundo año integré la preselección nacional, que antes era también de 24 porque se dividía en dos equipos, los cuales se iban cambiando jugadoras según los resultados. Era un sube y baja muy fuerte. Nosotras éramos del segundo equipo hasta la Olimpiada del 80 que pasamos a ser parte de la selección nacional.

Aquel equipo ganó medallas a nivel centroamericano, panamericano e incluso mundial.

Sí, éramos un conjunto de atletas que nos conocíamos muy bien, veníamos juntas desde hacía años, y eso nos permitió ganar medallas en muchos eventos como la Copa de las Américas de 1989 donde derrotamos incluso al potente elenco de Estados Unidos, el cual compitió con el mismo equipo que se coronó campeón después en el mundial de Malasia, donde nosotras logramos el bronce.

¿Cuánto mérito tuvo esa medalla en Malasia?

Para empezar, los sistemas de clasificación eran mucho más complejos que ahora. Los premundiales y preolímpicos tenían estructuras muy difíciles, y nos enfrentábamos a las mejores escuadras del planeta, como Estados Unidos y la Unión Soviética, que eran los más fuertes, pero también estaban Yugoslavia, Canadá, Brasil, Bulgaria, Hungría y Australia, que se sumó después. Es decir, había muy pocos combinados débiles y sin embargo, logramos estar en la élite de un campeonato del mundo. Teníamos un gran elenco, de los primeros del ranking.

En 1991 te acoges al retiro con solo 29 años, ¿por qué tomas esta decisión?

Fueron varios factores. Aquí en Cuba los atletas que pasamos de los 28 años nos llaman veteranos. Y en el básquet, es a esa edad que se consiguen mejores resultados porque adquieres la experiencia necesaria para resolver situaciones que a veces en la juventud no puedes superar. Además, en esos años yo fui madre y tuve una lesión grave en la rodilla que me obligaba a infiltrarme en las competiciones. En el 91 me dejan fuera de los panamericanos y decidí terminar.

¿Podría hacer una comparación entre aquel equipo cubano que usted integraba y el que compite hoy?

Te podría decir muchas cosas al respecto. He conversado mucho con atletas de mi tiempo y coincidimos en que no importa en qué época te encuentres para que un equipo sea grande. Pienso que hoy en día, no solamente en el básquet, sino comenzando desde la EIDE, hay un problema de disciplina que es responsabilidad de los entrenadores, y que incluso se extiende al equipo nacional, lo digo categóricamente porque yo estuve allí colaborando por un tiempo. En mi etapa de jugadora la entrega y la voluntad eran superiores.

¿Qué debería hacer el baloncesto femenino para retornar a un podio mundial?

Hay que revisar mucho el trabajo en las EIDE, capacitar a los entrenadores. También abrir la ESPA nacional pues en las provincias no hay condiciones suficientes, y cuesta mucho iniciar un atleta para cuando llegue a los juveniles no pueda continuar por problemas de capacidad. Es necesario evitar el “campeonismo” en las categorías inferiores y basarse más en la formación óptima de los atletas.

Por último, la archiconocida pregunta, ¿qué representa el baloncesto en su vida?

Lo representa todo, y si volviera a nacer sería basquetbolista. No te puedo decir más: es mi vida.

Un cambio en su semblante, alegre durante el resto de la entrevista, indica emoción y nostalgia. Sus ojos brillan a tal punto de humedecerse. Y con esta reacción, por supuesto, la pregunta tiene una respuesta irrefutable.

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