La Habana.- FRANCIA llegó al estadio Al Bayt, enclavado en Jor, con la ansiedad de vencer en un partido que todos quieren ganar siempre. Y lo consiguió.
La imperiosa necesidad encontraba obstáculos a su paso… Delante había una roca tan inmensa como el Monte Tubqal, la más áspera y elevada de la Cordillera del Atlas.
Marruecos no recibió goles de rival alguno, excepto el infortunio en propia puerta de Nayef Aguerd. Del otro lado, los franceses no sostuvieron el arco incólume hasta la semifinal.
Si el fútbol fuera una ecuación lineal, sin variaciones, los africanos debieron ganar el partido. Sin embargo, no lo es y las constantes desaparecieron para que ganaran los vigentes campeones del mundo.
A la enorme cuesta de los franceses, el técnico marroquí Walid Regragui adicionó un central, por si dos no fueran suficientes. Contradictoriamente, solo le tomó cuatro minutos a la legión de la Galia atravesar el Estrecho de Gibraltar.
Griezmann se escurrió en el primer dislate de la defensa marroquí y sirvió un pase a gol que Mbappé desaprovechó con dos remates de bulto… Pero el rebote le cayó a Theo Hernández y lo mandó a la red de media volea con la complicidad de Bounou, a medio camino entre el achique y la custodia bajo los palos.
El 1-0 no decía mucho con tanto tiempo por jugar, pero la sensación de imbatibilidad del arco verdirrojo desaparecía de un tirón. Luego se tambaleó todo el norte de África con un metrallazo seco de Giroud al palo.
Sin embargo, no se cayeron de brazos los Leones del Atlas, más bien tomaron conciencia de ir a buscar el partido, al alcance de un gol entre tanto talento.
Ayudó la lesión del capitán Saiss al minuto 20, porque pasaron a la línea de cuatro y monopolizaron el balón y el juego, y obligaron al portero Lloris a exigirse. El poste colaboró para evitar la chilena de El Yamiq, que hubiera sido el gol de la Copa, probablemente.
Mbappé se diluyó en una pérdida tras otra y solo la extraordinaria clase de Aurelien Tchouameni mantuvo en pie a Les Bleus. También debieron sufrir, pues diluido En-Nesyri pusieron cara Boufal, Amrabat, Ziyech y sobre todo Ounahi, quien se multiplicó por la cancha y causó mil dolores de cabeza a la zaga de los europeos.
Deschamps reaccionó, quitó a Dembelé y Giroud para meter a Marcus Thuram y Kolo Muani, pero dejó a Mbappé. Eso diferencia al francés de otros como Tite o Fernando Santos, quienes prefirieron quitar a Vinicius y Ronaldo. Por eso Francia está en la final y los otros ven el fútbol por televisión.
Apenas pasaron 42 segundos desde la entrada de Muani para que se escapara del «calabozo» marroquí y sacara un disparo entre un mar de piernas. Así, el recién llegado montó a su selección en el avión a Doha, donde jugarán ante la Argentina de Messi.
La Francia de Mbappé sostiene el trono, al menos por un partido más. La Argentina de Messi reclama la corona que le debe el fútbol. Ya sabemos que ni justicia ni deudas se guardan en este deporte, tan dado al mérito de los goles. En la final se vivirá un auténtico juego de tronos.
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