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Guayaquil.- LA FEDERACIÓN de Mujeres Cubanas cumple hoy 66 años, y en Guayaquil, a miles de kilómetros de la Isla, cinco mujeres lo celebran a su manera: trabajando, cuidando, interpretando, curando y ganando, porque no hay mejor homenaje que el que se hace desde el deber cumplido.
Eylin Coto llegó a estos VI Juegos Panamericanos de la Juventud Sorda con una misión. Su papel como intérprete de la delegación cubana es el puente que une a los atletas sordos con el mundo oyente.
«Ha sido muy bonita la tarea que ha tenido la interpretación aquí. Potenciando el papel de la mujer cubana, de la juventud cubana, pues las muchachas han sabido crecerse», alega.
Para Eylin, ser intérprete no es solo un oficio, es una forma de acompañar a la comunidad sorda en su día a día.
«Nosotros, desde un punto de vista educativo, vemos cómo la comunidad sorda cada día rompe sus barreras y activa su potencial, no solo en la vida cotidiana, sino también como deportistas», reflexionó la habanera.
Yolanda Mora, metodóloga del Inder y matancera de nacimiento, lleva años dedicada al deporte. Pero lo que ha visto en Guayaquil la llena de un orgullo especial.
«De hecho, las primeras medallas de oro las regaló una mujer cubana», dice sin poder esconder la sonrisa de satisfacción.
«Hoy la delegación amaneció más animada y alegre que de costumbre, y los atletas varones aseguran que van a dedicar sus medallas de la jornada a la Federación de Mujeres Cubanas». Ella suma, además, una fecha que redondea el homenaje: «Y centenario del natalicio de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro».
Otra de las féminas que nos acompaña es Roxana Ortiz, fisioterapeuta de la Isla de la Juventud.
Ella afirma que llegó a Guayaquil con una preocupación: la comunicación con los atletas sordos, pero la realidad la sorprendió gratamente. «Yo pensaba que la comunicación iba a ser más difícil, pero no. Con la ayuda de las intérpretes ha fluido muy bien la comunicación y nos hemos sentido muy cómodas», confiesa.
«Hay mucha empatía también, con los atletas sobre todo», agrega.
Roxana se siente satisfecha con el trabajo que están haciendo, «aunque es una gran responsabilidad, pero estamos tratando de hacerlo lo mejor posible», confirma.
A su lado, Milena Duharte, doctora guantanamera, reconoce que su trabajo es silencioso, como el de los atletas a los que atiende.
«La importancia y la responsabilidad del acompañamiento del personal médico con los atletas, precisamente durante la preparación y las competencias, todo el tiempo, ha sido primordial», explica.
La especialista de la medicina deportiva no espera aplausos, solo estar ahí cuando se la necesite.
«Estar en el momento indicado, prestos a atender tanto lesiones deportivas como otras patologías que puedan presentarse, puesto que nuestro trabajo es de evaluación, prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades, ya sea deportivas o no», añade.
Y resalta algo que a veces se olvida: la aceptación de los atletas, el apoyo de los entrenadores y metodólogos.
En el centro de todos los escenarios, en la pista donde el sudor y la gloria se dan la mano, está Katherine Garzón.
La doble campeona de estos Juegos no solo corre, también siente el peso de lo que representa.
«Siempre es un compromiso representar al país, a las mujeres de mi Cuba. Y que no solo pueda competir sino también regalarles medallas, eso me llena de orgullo», expresa.
Katherine no habla solo de velocidad. Habla de un legado, de ser ejemplo para otras niñas que, como ella, sueñan con llegar lejos. Y lo hace desde una pista en Guayaquil, con el nombre de Cuba en el pecho y el recuerdo de Vilma Espín en el corazón.
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