
Dakar.- Les confieso que este intento de crónica lo comencé a redactar el pasado día 17 de octubre, cuando el equipo juvenil cubano de beisbol5 ganó invicto el Campeonato Panamericano, disputado en el Domo Bolivariano de Barquisimeto, Venezuela.
En esa justa continental, también conducida por el joven mentor Sergio Arturo Pérez, intervinieron cuatro de los ocho integrantes del equipo que acaba de hacer historia, al proclamarse campeón en los Juegos Olímpicos de la Juventud, primer evento de esta dinámica modalidad beisbolera auspiciado por el COI.
La diferencia, muy lamentable, es que ahora se enfermó la bicampeona mundial juvenil Adis Yudith Espinel, después de intervenir en el duelo de apertura frente a Türquiye.
En Barquisimeto pude ver en el terreno la determinación con la que luchan cada partido, para mostrar que los campeones no nacen en el podio de premiaciones, sino que van haciéndose en cada sesión de entrenamiento, con la clara tarea de seguir con atención cada una de las ideas de sus preparadores.
A ellos se unieron ahora, igualmente bajo las instrucciones de Sergio Arturo, otros cuatro jóvenes bien talentosos, con buenos y estratégicos golpeos, velocidad sobre la pista y defensa casi hermética, que levantaron la grada del Complexe Tour de l’Oeuf, en la que literalmente no cabía un alma cuando jugaba el equipo cubano.
Demostraron que constancia, disciplina y entrega en los entrenamientos constituyen atributos claves para alcanzar la victoria, e incluyeron ese corazón valiente que caracteriza a quienes nacen en nuestra Isla.
Aquí pasaron por el trago amargo de caer 0-2 frente a Taipéi de China en la fase de grupos. Pero en la villa olímpica, y antes en el traslado en guagua y tren, aseguraron que habría revancha en la final.
Así, en las fases de cuartos y semifinales, con la mente puesta en el cuadro asiático, doblegaron a Francia y Kenya, este último ganador invicto del grupo B.
Y luego cumplieron con la misión de vencer en la revancha a los taipeyanos.
Las palmas para todos; pero fue muy seguro el desempeño y las alertas del juego dadas por el inquieto torpedero y capitán Lázaro «Chiqui» Díaz, y la siempre competitiva Rachel Medina, desempeñándose como inicialista en el formato de tres hombres, y en tercera base en el que incluye obligatoriamente a tres mujeres. Por eso, fue considerada como Jugadora Más Valiosa.
Ellos podrán seguir los dorados pasos de Briandy Molina y Orlando Amador, considerados por la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol, Leyendas de este deporte, o de Lietis Arcia, entre otros. Su talento, combatividad y compromiso aseguran desde ya el futuro del Beisbol5 en Cuba.










