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La Habana.- POCAS, muy pocas personas conocían sobre lo que acontecería este martes en la Sala 1 del capitalino Palacio de Convenciones.
La VII Convención Internacional de Actividad Física y Deportes (AFIDE) convocaba a escuchar la conferencia magistral inaugural, titulada Sistema Deportivo Cubano: ideología de un Comandante, a cargo del Dr. C. Antonio Eduardo Becali Garrido, presidente del INDER.
En la sala, debidamente acondicionada y colmada por delegados, invitados y periodistas, se aguardaba por una sesión académica que comenzaría de manera muy diferente. Sin embargo, casi nadie lo sabía.
De momento, por un pasillo estrecho y sumergido en el ala izquierda de la sala aparecieron Becali, José Ramón Fernández (presidente del Comité Olímpico Cubano) y un grupo de invitados muy especiales.
A pasos, abriéndose camino lentamente, comenzamos a ver a la compañera de vida de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la señora Dalia Soto del Valle, acompañada por sus hijos Alex, Tony y Alexis.
Los aplausos estallaron con un silencio de emoción en el fondo, y no se detuvieron hasta que un leve gesto de agradecimiento nos devolvió a nuestras sillas.Había lágrimas en los ojos de muchos.
Entonces comenzó la sesión en que Becali disertó durante una hora y 20 minutos sobre la gigantesca impronta de Fidel en el campo del deporte. No faltó ninguno de los hechos imprescindibles.
Veintiocho páginas fueron meticulosamente leídas, con el apoyo en dos oportunidades de piezas audiovisuales memorables: el discurso del Jefe en la despedida de los Mártires de Barbados y sus palabras dirigidas a George W. Bush en el año 2004, cuando aseguró que estaría en la primera fila del combate para morir junto a su pueblo. «¡Salve, César, los que van a morir te saludan!» Así parafraseó entonces a los gladiadores romanos.
Palabras, imágenes y gestos se agolpaban en la mente de los asistentes, mientras Dalia, sujetando los brazos de sus hijos, atendía inamovible como resistiendo los embates del recuerdo y al mismo tiempo participando del sentido homenaje.
«La observé por momentos, justo frente a mí. Pero me impresionó tanto lo que vi que seguí hablando sin volver la mirada hacia ellos», me dijo Becali al término de su discurso, orgulloso de haber vivido el histórico suceso.
Cuando su disertación cerró los aplausos volvieron al recinto con más fuerza aún. Todos se pusieron de pie y Dalia abrazó a sus hijos y conversó un poco, bien bajito, con José Ramón Fernández.
Becali bajó del estrado con un hermoso ramo de flores y se lo entregó, mientras las cámaras fotográficas no dejaban de traquetear para congelar el bello instante.
Saludó a los presentes una vez más y empezó a caminar lentamente hacia la salida. Entonces, al llegar frente al estrado, dio uno pasos y colocó las flores al pie de la vetusta pieza de madera. Al incorporarse expresó que ese era su pequeño homenaje a Fidel.
Dalia se marchó y las flores rojas, blancas y naranjas quedaron al pie de donde tantas veces, de forma exquisita, Fidel nos habló para la eternidad.
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