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La Habana.- COMO miles de cubanos, el hoy Doctor en Ciencias Pedagógicas José Antonio Díaz Rey no atinaba a nada el 7 de octubre de 1976.
Había conocido del sabotaje a una aeronave comercial de Cubana de Aviación frente a las costas de Barbados, en que viajaban de Caracas a La Habana 73 personas, incluidos los integrantes de la selección juvenil cubana de esgrima, campeona del certamen centroamericano y del Caribe celebrado en Venezuela.
«Me encontraba en Moscú como representante del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder) para la atención de nuestros estudiantes allí, fundamentalmente. Fue impactante perder a amigos, compañeros y alumnos», dijo sensiblemente afectado a JIT al rememorar la fatídica fecha.
«Como tenía unas horas de ventaja en relación con Cuba, esperé la mañana en La Habana para llamar a la dirección del Inder. Solo me pudieron confirmar el horrendo crimen. No tenían detalles. Después pude saber más.
»Obviamente, eso me impactó. Estaba obligado a continuar con la agenda del día, pero cada instante me llevaba a esos amigos, a esos muchachos, de los cuales había sido profesor como jefe de entrenadores de los equipos juveniles», recuerda.
«Varios de ellos fueron vitales para que posteriormente me hiciera Doctor en Ciencias Pedagógicas. Fíjese si estábamos unidos que la investigación fundamental estuvo basada en ellos», argumenta el galardonado con el diploma Pablo de la Torriente Brau por la Unión de Historiadores de Cuba.
«Ramón Infante, José Ramón Arencibia y Ricardo Cabrera estuvieron entre los más entusiastas. Todos, incluidos sus profesores, cedieron sus vacaciones de 1976 para que pudiera hacer la investigación que dos años después me llevó a concluir mi doctorado en la Unión Soviética», explica.
«Por cierto, estuve a punto de abandonarla; pero en su honor continué y me sirvió para dos años más tarde entregar el libro titulado Ni olvidados, ni muertos, sobre el crimen de Barbados», destacó el escritor.
«El libro fue escrito por el 30 Aniversario del Crimen de Barbados. La investigación la hice en un corto tiempo con la ayuda de varios medios de prensa, especialmente Granma y Juventud Rebelde para la documentación, y Prensa Latina y Bohemia para las fotos», reconoce.
«Francisco Matrascusa, quien había trabajado en el Inder y lo hacía entonces en Juventud Rebelde, fue un puntal, así como los familiares de las víctimas. El libro se hizo en aproximadamente tres meses. Estuve hasta en la tirada en la imprenta Federico Engels», sostiene.
«Esa herida está abierta. Fue horrendo lo que hicieron los terroristas que pusieron la bomba, dirigidos por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA)», denuncia ahora.
«Este 6 de octubre se cumplen 43 años y pienso que los hombres de bien del planeta nunca olvidarán. En ese vuelo perdieron la vida 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos», señaló el autor de otras publicaciones, entre las cuales destaca Cerro Pelado: el 40 Aniversario de la Delegación de la Dignidad.
«El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz fue certero al decir en la despedida a las víctimas: ¡… todos nuestros abnegados compatriotas sacrificados cobardemente ese día, vivirán eternamente en el recuerdo, en el cariño y la admiración del pueblo!», dijo emocionado.
El octogenario capitalino tiene una amplia hoja de servicios como atleta, entrenador, directivo y profesor de la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo, función esta última que ejerce hasta la actualidad.
José Antonio, como todos le llaman, integró en 1962 el equipo de espada que asistió a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston, Jamaica.
En 1965 fue director de la Escuela Anexa de Esgrima; y en 1966 se tituló campeón de espada en los Juegos Centroamericanos de San Juan, Puerto Rico. Tuvo su última participación como deportista en 1968, en los Juegos Olímpicos de México.
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