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| Noticia |
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Por:
Ríos López.Eyleen |
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Londres 2012 |
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Los motivos de Cuba |
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Su afición sabe aquilatar el alcance de cada desempeño y aplaudió a quienes esta vez retornarnaron a la isla a planos mejores.
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| Foto: Colaborador |
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Londres (13 ago).- CONCLUIDOS los XXX Juegos Olímpicos esta ciudad amaneció hoy entre los ecos de la ceremonia de clausura, más tráfico rumbo a los aeropuertos y el lógico “cruce” de opiniones sobre lo acontecido en sus escenarios.
En el centro principal de prensa el ambiente es ahora más reposado, y quienes regresamos mañana a la isla dedicamos tiempo a precisar algunos datos y actualizarnos sobre las repercusiones que deja la cita.
Así conocimos que República Dominicana recibirá con fiesta a sus representantes liderados por el corredor Félix Sánchez, Colombia aún celebra el oro de Mariana Pajón (bicicross), Venezuela hace reverencias a su dorado esgrimista Rubén Limardo y Argentina sigue amando a las “Leonas” aunque Holanda no les dejó llegar a la cima del hockey sobre césped.
El significado de una u otra presea es diferente en cada país, pero todas son premiadas con elogios, destinados también a no pocos avances a finales o esfuerzos especiales no suficientes para acceder al podio.
Cuba, con una rica historia que siempre condiciona el deseo de saldos superiores, sabe aquilatar el alcance de cada desempeño y aplaudió a quienes esta vez le recolocaron como segunda del continente americano.
Sin embargo, quizás con el ánimo de dar pasos aún más sólidos, un lector que dijo hablar en nombre de varios amigos consideró que «no debemos colocar en mayúsculas lo logrado en Londres porque puede parecer que todo está bien».
Entonces, de acuerdo con ese parecer, ¿qué sería lo correcto? ¿Solo detenerse en lo que no pudo ser y no disfrutar los regalos de oro llegados gracias a la maestría de Mijaín, la persistencia de Pupo, el empuje de Idalys, la decisión de Roniel y el coraje del jovencito Robeisis?
¿No considerar positivo el ascenso al lugar 16 que mejora en 12 el alcanzado en Beijing´08, aunque entonces fueron más las medallas?
¿Solo recordar que hubo cosechas mejores, sin que importen las características de cada momento, y desconocer el esfuerzo de atletas, entrenadores, médicos, psicólogos, fisioterapeutas y otros especialistas que enfrentaron no pocas limitaciones?
¿Convocar a obviar los tres subtítulos y los seis bronces que completaron una colección con que aún no pueden soñar algunos países económicamente poderosos?
Tampoco puede haber espacio para el conformismo, porque de lo contrario un ciclo tan difícil no habría rendido frutos, ni cerrar las puertas a análisis y rediseños necesarios en tiempo de pocos recursos.
Pero ahora toca “hacer la fiesta”, porque como asegura otro lector, «los cubanos debemos celebrar el regalo que nos hacen nuestros atletas y no dedicarnos a lamentarnos por lo que no pudimos, porque para eso siempre habrá tiempo».
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