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| Noticia |
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Por:
Ríos López.Eyleen |
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Londres 2012 |
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Cansancio disfrutado |
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El ritmo de la cita es intenso y la mezcla de su programa y la prioridad que demanda el trabajo termina por imponer horarios atípicos.
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| Foto: Colaborador |
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Londres (8 ago).- SE ACERCA el final de los Juegos de la XXX Olimpiada y de recordarlo no solo se encarga un calendario al que apenas le quedan cuatro días de competencias.
Otra prueba fehaciente está en la mayoría de los rostros de quienes nos empeñamos en informar sobre lo acontecido en esta ciudad de público entusiasta, circulación vial por la senda izquierda y muchas bellezas arquitectónicas.
Aunque las mochilas con laptops, grabadoras, cámaras y lentes son las mismas desde el inicio, parecen ahora más pesadas, como si de repente nos hubieran cambiado las herramientas de trabajo.
Largas distancias entre las instalaciones, el acelerado ritmo que impone garantizar el contacto con los competidores, regido por reglas muy estrictas, y la necesidad de elaborar y transmitir “a la “carrera” ya pasan factura y no son ahora raras las escenas de sueño en ómnibus o trenes.
Incluso en las propias salas de prensa más de uno ha recurrido a sus cómodos asientos para recuperar energías, una misión casi imposible aquí.
El ritmo de la cita es intenso y la mezcla de su programa y la prioridad que demanda el trabajo termina por imponer horarios atípicos y el momento para la comida suele llegar bien tarde, a veces cuando esta ya no se apetece.
Sin embargo nada empaña la alegría de saberse parte de lo vivido por estos días en Londres, la ciudad donde los mejores atletas del mundo intentan la gloria, aunque como siempre sucede esta no abre sus puertas a todos.
Inmensa fue la sensación de haber ganado el oro junto a la cubana Idalys Ortiz en la despedida del judo, o corrido con el jamaicano Usain Bolt en los más rápidos 100 metros de la historia olímpica.
Menos agradable pero también conmovedor fue estar en el estadio cuando el chino Liu Xiang tropezó con la primera de las vallas que debió sobrepasar y quedó sobre la pista con el doble dolor de una lesión y el sueño acabado.
Quedan otras fechas que volverán a parecer interminables, pero vendrán con más dosis de disfrute y experiencias que luego evocaremos cuando el cansancio no esté y el clima caribeño nos “salve” de las frías noches británicas.
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