 |
 |
|
| |
 |
| |
| Noticia |
 |
Por:
Ramírez.Roberto |
|
Hitos en medio siglo |
|
Continuidad salvada |
|
Un acercamiento a hechos que marcaron el acontecer deportivo cubano, a propósito del cumpleaños del organismo. |
 |
| Foto: Colaborador |
|
|
|
|
La Habana (17 may).- «NOS VEMOS en Mayagüez», se proclamó al cierre de los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, acogidos en 1978 por la ciudad colombiana de Medellín.
Pero las autoridades deportivas puertorriqueñas no recibieron el apoyo financiero necesario y la cita atlética regional más antigua del mundo estuvo a punto de perder su frecuencia cuatrienal.
Faltaba poco más de un año para la fecha prevista y Cuba se erigió salvadora de esa tradición al desplegar intenso trabajo organizativo que permitió celebrar la justa del 7 al 18 de agosto de 1982.
Ciudad de La Habana devino sede principal, Santiago de Cuba y Cienfuegos fungieron como escenarios complementarios, sumaron 22 los países representados y el número de competidores ascendió a 2 799.
Se incorporaron Granadas e Islas Vírgenes Británicas, los gobiernos de Honduras y El Salvador no autorizaron el envío de delegaciones y Colombia alegó dificultades económicas para ausentarse.
La isla vivió una gran fiesta. Aplaudió los muchos triunfos de los suyos y fue hospitalaria con los llegados desde otros países. Fue una cita austera, sin grandes construcciones, dado el poco tiempo disponible, pero generó elogios.
La Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin se acondicionó como villa, el servicio gastronómico funcionó a la altura de lo esperado y áreas tan importantes como atención médica, informática y transporte respondieron con eficacia.
«Me complazco en felicitar al Comité Organizador… que permitirá a esta edición que se celebra en Cuba ser la mejor en la larga historia de este certamen», opinó el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch.
El 7 de agosto el capitalino estadio Pedro Marrero acogió el acto de apertura. El Comandante en jefe Fidel Castro declaró oficialmente inaugurada la justa y el legendario Enrique Figuerola entregó la antorcha a María Caridad Colón para que esta encendiera el pebetero.
Se disputaron preseas en 24 modalidades, hubo 247 pruebas individuales y se produjeron los estrenos del tenis de mesa, remo y hockey sobre césped.
La propia María Caridad se llevó su segundo cetro en jabalina y el pesista Daniel Núñez impuso récord mundial como rey de una escuadra que se quedó con los 30 títulos repartidos.
Esgrimistas y gimnastas también regalaron desempeños perfectos a la afición local, pero esta no pudo vitorear el triunfo en béisbol, rubricado por República Dominicana.
Resultó la segunda ocasión en que Cuba recibió el más importante evento de la región, tras hacerlo en 1930, y la pasión con que su pueblo congestionó los graderíos fue ampliamente recompensada en el medallero.
Creció la cosecha en relación con la cita precedente y el saldo de los anfitriones incluyó 173 cetros, 71 subtítulos y 38 preseas de bronce.
Un capítulo erigido como muestra de la voluntad política en bien del deporte, no solo en el plano interno, porque solo ello permitió que los juegos no sufrieran en continuidad.
Y antesala de otro momento importante, vivido en 1991 cuando la familia panamericana protagonizó aquí la undécima versión de sus encuentros y por primera vez Cuba arrebató el liderazgo a Estados Unidos.
|
|