Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Noticia
Por:
Ríos López.Eyleen
Hitos en medio siglo
Travesía histórica e inspiradora
Un acercamiento a hechos que marcaron el acontecer deportivo cubano, a propósito del cumpleaños del INDER.
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Foto: Colaborador

INDER. Aniversario 50 - Cobertura completa
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La Habana (22 mar).- TREINTA y seis horas duró la travesía entre Santiago de Cuba y un punto situado a unas cinco millas de la bahía de San Juan, capital de Puerto Rico.

En el improvisado escenario hubo preparación física, monta de bicicletas sobre rodillos, ejercicios con pesas e imitación de acciones competitivas, aunque algunos apenas pudieron salir de sus camarotes, golpeados por los vaivenes del mar.

Así lo contaron quienes tuvieron el privilegio de viajar en el buque Cerro Pelado rumbo a los X Juegos Centroamericanos del Caribe, en 1966, hecho inscrito con letras de oro en los libros del deporte cubano.

Aunque, imbuidos en la efervescencia del momento, quizás pocos imaginaban entonces la trascendencia de aquel pasaje para el futuro de una actividad que sentaba sus bases y es ahora orgullo de todo un pueblo.

Desde un año antes se conocían las intenciones estadounidenses de evitar la participación de la Cuba revolucionaria en la justa, pero los preparativos siguieron adelante y en todo momento se ratificó el derecho de asistir.

Ante la imposibilidad de arribar directamente a la vecina isla y la negativa de visas sostenida por el imperio, surgió la idea de transformar la embarcación mercante en medio de transporte, todo bajo el manto de la discreción.

Cuentan que en tres días se realizó el trabajo de acondicionamiento y se previeron otros detalles, con Fidel como principal estratega.

Todavía en aguas internacionales, pero casi a la vista el suelo boricua, hubo vuelos rasantes de aviones estadounidenses y acoso de la guardia costera, todo para generar un clima de tensión que doblegara la determinación de desembarcar y competir.

Corría el día 10 de junio, a menos de 24 horas de la inauguración oficial, y aún los cubanos no tenían permiso de entrada.

La reafirmación de los principios no se hizo esperar, y se juró «en nombre de los mártires de Cerro Pelado y en el de todos los que han hecho posible nuestra dedicación al deporte, defenderlo con la vida si fuera necesario».

La denuncia fue contundente. «Las posibilidades de agresión crecen por momentos. No nos importa, las conocemos bien por haberlas sufrido dentro y fuera del deporte y sabremos cómo responder a ellas, pues las hemos vencido siempre...».

Emergida al calor de la batalla, y dada a conocer por el entonces presidente del INDER, José Llanusa, pasó a la historia como Declaración del Cerro Pelado, sustentada en la inquebrantable voluntad de hacer valer los derechos.

Esa que al cabo de 45 años llena de satisfacción a las generaciones herederas de aquellos 315 hombres y mujeres que desembarcaron sobre lanchones, desafiando peligros, respondieron con firmeza a provocaciones e invitaciones a la deserción y ganaron medallas.

Por primera vez desde el triunfo de 1959 Cuba superó la treintena de títulos a ese nivel (35) y se agenció el segundo lugar general, por detrás de México, como aviso del liderazgo que mantendría a partir de la versión de Panamá, en 1970.

«El Cerro Pelado marcó un hito en el desarrollo de nuestro movimiento deportivo. Cuba logró a partir de esa justa llegar a ser una potencia», dijo el subcampeón olímpico de Tokio´64 Enrique Figuerola, quien respondió a los enemigos titulándose en el hectómetro con fabuloso tiempo de 10,2 segundos.

Como Figuerola, otros acallaron el odio con sus triunfos, incluidas Miguelina Cobián e Hilda Ramírez en el propio atletismo, Pastor Rodríguez en pesas o Pedro Chávez, Urbano González y Gaspar Pérez desde las filas de un equipo beisbolero monarca con seis triunfos y un revés.

No son pocos los que rememorando aquellas jornadas aseguran que sus vidas cambiaron con ellas, porque se hicieron más fuertes y reafirmaron para siempre su condición de deportistas comprometidos.

Ellos fueron inspiración para quienes después afianzaron la bandera tricolor en lides de todo tipo, incluidas las propias citas regionales, donde atesora 1 630 medallas de oro, 825 de plata y 616 las de bronce, mayoritariamente conseguidas después la hazaña de la Delegación de la Dignidad.



   
 
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