Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Noticia
Por:
Ramírez.Roberto
Palabras de fundadores
Armando Hernández, soldado desde el primer día
Reconocido hoy entre los mejores de su profesión, excelente compañero y padre y abuelo dedicado, ha vivido todo el acontecer del organismo deportivo cubano.
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Foto: Colaborador.JIT

INDER. Aniversario 50 - Cobertura completa
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La Habana (15 feb).- UN AÑO antes de que surgiera el INDER, y con solo 14 cumplidos, Armando Hernández se inició como empleado de limpieza en el coliseo de la Ciudad Deportiva.

Dijo «una mentira piadosa para resolver el problema de la edad» y asumió la tarea luego de ejercer como vendedor, «lo mismo de granizados que aguacates, para ganar unos centavos».

Pero fiel a la voluntad de superación que todavía le acompaña no dudó en decir que sí cuando Jesús Rocamora, al frente del Departamento de Fotografía, le propuso convertirse en proyeccionista y aprender las artes del laboratorio.

«Esa era una de las áreas que yo limpiaba, y él me vio joven e interesado», evoca el ahora experimentado fotorreportero.

«Comencé como proyeccionista, en las visitas que se realizaban a los CVD, y al mismo tiempo me fui familiarizando con el laboratorio», agrega mientras su rostro refleja satisfacción.

Reconocido hoy entre los mejores de su profesión, excelente compañero y padre y abuelo dedicado, Armando ha vivido todo el acontecer del INDER, que le sumó a sus filas aquel 23 de febrero de 1961.

Militante del Partido, dirigente sindical, habitual en movilizaciones agrícolas y otras tareas, merecedor de varias condecoraciones, aporta razones suficientes para que JIT le solicitara colocarse del otro lado de la noticia, como entrevistado, y no “atrapando” imágenes.

¿Cómo se produjo tu definitivo encuentro con la cámara?

Cuando ya dominaba bien el proyector y el laboratorio hice mis primeros intentos. Creo que no había cumplido los 16 años, y recuerdo que las primeras fotos fueron a plantas y flores, con paciencia.

Me ayudó mucho el laboratorio, porque conocía qué características debía reunir el trabajo para que se convirtiera en una buena imagen.

Pero la “graduación”, ¿cuando llegó?

Fue en un gran festival gimnástico organizado en la Plaza de la Revolución. Me enviaron, y el entonces presidente del INDER José Llanusa preguntó qué fotógrafo había ido. Le explicaron que yo, pidió las fotos y afortunadamente había logrado un buen trabajo, que se publicó en el periódico Revolución, lo que fue un gran estímulo.

La plaza, sin embargo, no fue tuya tan rápido.

Trabajé muchos años cobrando como proyeccionista, por supuesto con un salario más bajo, hasta que finalmente me la otorgaron.

¿Había algo en ti de deportista?

No más allá de lo normal como muchacho, pero después me vinculé a algunas disciplinas, como atletismo, remo, natación y la caza submarina, esta última para hacer fotos bajo el agua.

¿Qué deportes prefieres para “tirar”?

El atletismo es amplio, incluso hasta demasiado para cubrirlo todo cuando coinciden varias pruebas, pero permite “sacarle” mucho. También me gustan el boxeo y el fútbol, aunque a todos les pongo el mismo interés.

Eso tiene mucho que ver con la perseverancia que te conocemos.

Desde que comencé a trabajar me puse como meta tratar de hacerlo como el que consideraba mejor, y es una máxima que me ha acompañado, aunque no siempre se queda satisfecho.

Regresemos en el tiempo para hablar del Che. ¿Qué pasó la primera vez que te le acercaste cámara en mano?

Fue en un evento de ajedrez, en la academia que estaba donde ahora se ubica el Banco Popular de Ahorro de la Ciudad Deportiva. Me di cuenta que él no quería fotos personales, porque viraba la cara, se paraba…

Entonces el comisionado nacional José Luis Barrera me preguntó, supo de lo que sucedía e intervino.

El Che me llamó a un lado y me dijo: “Usted me va a tirar tres fotos, pero tiene que salir el que está jugando conmigo, no solo yo”. Así lo hice y me fui.

Después le tiré muchas otras veces, pero siempre me quedó claro que no le gustaban las fotos personales, aunque eso no quiere decir que no se lograran.

¿Cuándo “debutas” fuera de Cuba?

En 1967, durante la tercera semana preolímpica de México.

Desde entones han sido muchas las coberturas, incluidas las de eventos mutideportivos de todo tipo.

Es un privilegio haber acompañado a tantos y tantos atletas importantes, disfrutar con sus triunfos, sufrir las derrotas, y siempre con el precepto de garantizar la misión que se lleva.

Y no solo en lo deportivo…

Claro, porque el evento es más que eso, sobre todo para Cuba, que suele ser objeto de agresiones y provocaciones constantes, como sucedió en los Juegos Panamericanos de Indianápolis, en 1987.

¿Tú, que eres un fotógrafo premiado, qué opinas de los concursos?

No siempre se reconoce la mejor imagen. Como es lógico influye mucho la apreciación de los jurados, el gusto de quienes deciden. Recuerdo que en los inicios del concurso 26 de Julio, cuando se podían presentar trabajos realizados en cualquier momento, incluso inéditos, envié unas fotos que no se premiaron. Al año siguiente repetí varias de esas y fueron premiadas, porque el jurado no era el mismo.

Retomemos lo de la constancia. ¿Fue clave para enfrentar la era digital?

No hay dudas. Ya no era un joven cuando llegó y eso me puso en una situación difícil, pero supe darme cuenta de que era importante, que decidía en nuestra profesión. Pasé mis apuros, pero recibí todo el apoyo de los compañeros más jóvenes y conocedores del tema, y todavía trato de aprender algo a diario.

Tienes varios libros publicados, y no precisamente sobre el trabajo fotográfico. Prima más lo histórico, la compilación estadística...

La historia siempre me gustó, incluso antes que la propia fotografía. Tuve la costumbre de recortar fragmentos de periódicos u otras publicaciones, hacer apuntes sobre temas que me parecían interesantes, y los fui acumulando como archivo, lo que me ha servido ahora para los libros, por supuesto relacionados con el deporte.

En los últimos años has tenido un estrecho vínculo con el deporte para discapacitados. ¿Qué te atrapó en particular?

Cuando comencé a recopilar los resultados de 1959 hasta el 2001, que aparecen en el libro Páginas de Victorias, me percaté en toda su dimensión de cuánto se ha logrado en ese frente, con campeones en todos los niveles, recordistas y muchísimos ejemplos de excelentes atletas que no siempre recibieron el destaque merecido en los medios.

Particularmente las mujeres, que también son amas de casa y asumen otras responsabilidades.

¿Cómo aprecias este medio siglo del INDER?

Los que vivimos los inicios, cuando apenas había unas pocas individualidades y casi todo estaba por hacer, podemos sentirnos orgullosos del desarrollo alcanzado pese a limitaciones y errores. Por eso considero importante aquella participación en los Juegos Centroamericanos de Kingston, en 1962, inicio de lo que sería el deporte revolucionario.

Y en lo personal, ¿qué te deja?

Una gran satisfacción. Estoy en el mismo sitio, como soldado de un frente que me ha dado muchas alegrías, la posibilidad de conocer el mundo, haber compartido con valiosos compañeros, realizarme profesionalmente, ser quien soy. Eso en realidad se lo debo al deporte.



   
 
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