Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Noticia
XLVI Juegos Escolares Nacionales
Sueños compartidos
Y el reto se cruza con el sueño del padre, sabedor de que la historia no cuenta con ninguna pareja de ese tipo dueña de cetros bajo los cinco aros.
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Texto y foto: Reynaldo Varona

Camagüey (18 jul).- SEGURAMENTE su tío materno, Justo Manuel Limendú, jamás imaginó que había comenzado a formar a un campeón entre los niños que más que gustarle el boxeo se recreaban con ese deporte en aquel pueblito de Majagua, en Ciego de Ávila.

Así se inició, a la edad de 11 años, el después monarca olímpico de Moscú’80 Armando Martínez, hoy entrenador llegado a esta ciudad con los Juegos Escolares, donde su hijo Armandito otra vez llamó la atención de los especialistas.

Reencontrar a viejos amigos con quienes compartió el cuadrilátero, como Adolfo Horta y Bernardo Comas, fueron momentos gratos para el ex fogoso peleador, permanente seguidor de la carrera de su vástago, ahora en la división de 50 kilos.

«Estoy muy contento con él, pues creo que se ha convertido en lo que fui. O sea, que es un gran fajador. Ese era mi tipo de pelea y considero que va a ser un buen boxeador y superar a su hermano Johason, ya retirado pero logró convertirse en campeón panamericano en Mar del Plata», asegura.

¿Cómo lo defines?, preguntó JIT, y su respuesta fue inmediata: «Le veo condiciones, biotipo y estilo. Lo demás lo irá puliendo en eventos como este, donde he visto mucha organización y han sido creadas condiciones de primer nivel.

El también subcampeón de la Copa del Mundo de Montreal´81 destacó la calidad de que goza el equipo de Ciudad de La Habana, que considera embrión de varios campeones, sin menospreciar la labor de otras provincias, y tuvo palabras de recordación para el inolvidable profesor Eugenio “Titi” Basulto, artífice de lo mucho conseguido por Camagüey.

Retirado en 1991 tras protagonizar una exitosa carrera que le llevó a compartir con otros astros como Teófilo Stevenson, Armando tiene toda su esperanza puesta en su muchacho, doble campeón nacional de la categoría 13-14 y autor de otros éxitos que proyectan hacia el futuro.

«Es un buen padre. Se preocupa mucho por mí y está pendiente a todos mis resultados. No falta ni un miércoles a mi escuela, la EIDE de Ciudad de La Habana, y constantemente me apoya y me corrige los errores técnicos. Es muy exigente y mi meta es llegar a ser campeón olímpico como él», indicó el chico, que despidió el noveno grado con buenos resultados.

Y el reto se cruza con el sueño del padre, que pone todo su empeño, sabedor de que la historia no cuenta con ninguna pareja de ese tipo dueña de cetros bajo los cinco aros.

Entonces surge otra interrogante: ¿No estarás viendo a tu hijo con más ojos de padre que de entrenador?

«Seguro que no. Esta es una carrera que se hace a la vista de todos y sobre el ring. No es como otras, en las que los padres deciden que su hijo estudie lo mismo que ellos a cualquier precio aunque al final sean buenos o no. Aquí si eres bueno o no todo el mundo lo sabe, pues la verdad la dice el combate. Él ha demostrado talento y lo debe aprovechar».

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