|
 |
 |
|
| |
 |
| |
| Entrevistas |
| Por: Eyleen Ríos López | |
| «El deporte me hizo la mujer que soy» | | La ex estelar atleta insiste en que fue buena la decisión de retirarse a los 24 años, no se arrepiente de nada relacionado con su accionar competitivo y solo lamenta no haber asistido a unos Juegos Olímpicos.
| La Habana (8 ene).-A YORDANIA Corrales la vida le cambió hace más de seis años. Se preparó todo lo posible para asumir las exigencias de ser mamá, pero vivirlo ha sido tan diferente como bueno.
El reciente campeonato panamericano de gimnasia rítmica organizado en La Habana avivó su añoranza por los tapices, mas supo disfrutarlo desde las gradas junto a Abigail y Keren.
«He encontrado a muchas entrenadoras de mi época y todas me preguntan por las niñas, cómo me desenvuelvo ahora y qué estoy haciendo. Es bonito después de tantos años saber que te recuerdan, y hasta lloré un poco», dijo a JIT durante una de esas jornadas, cuando quedó pactada una próxima cita.
Hace unos días la monarca de Mar del Plata´95 y primera campeona centrocaribeña de ese deporte, en Maracaibo´98, nos recibió en su casa, el reino donde ahora asume el mayor reto de su vida.
Casi 45 minutos después de lo previsto, llegó sonriente y pidiendo disculpas porque sus funciones como mamá le "complicaron" los planes.
«La pequeña Keren no se adapta al círculo y me demoro con ella porque todavía llora mucho», dice a modo de explicación con una dulzura que hace olvidar la espera.
¿Entonces es más exigente ser mamá que gimnasta?
Mucho. Es una responsabilidad educarlas, formarlas para la vida. Para mí ha sido muy bonito, pero difícil. Mi esposo (el ex futbolista Mario Rodríguez) me ayuda muchísimo, pues somos él y yo nada más, y lo mismo las baña que les da la comida, pero es difícil. Tengo a mi mamá en Matanzas y solo viene por corto tiempo, así que siempre estamos solos con todo. A veces ando con la tarea de una, y la otra requiere mi atención.
Pero lo disfruto y creo que ser deportista me ayudó.
¿Por qué?
Por la disciplina que me inculcaron, la voluntad que logré en tantos años de entrenamientos y competencias. El deporte me hizo la mujer que soy hoy.
La niña más pequeña ya cumplió el año y está en la adaptación para el círculo. ¿Significa que pronto volverás al trabajo?
Eso es lo que quiero, tal vez para febrero me incorpore de nuevo como subdirectora del CVD García Moré. Allí atiendo todos los deportes, y aunque muchos quieren que vuelva a dar clases de gimnasia es un poco complicado por ahora, porque todavía las niñas demandan mucho de mi tiempo.
¿Te gustaría ampliar los horizontes respecto al trabajo, dedicarte a otros temas?
Me gusta mucho el marketing y pudiera inclinarme por algo relacionado con eso en el futuro. He pasado varios cursos como gloria deportiva que me han preparado para tareas de dirección. Pero todo para más adelante. Y tal vez vuelva a relacionarme más con la gimnasia.
Pero nunca has estado totalmente desvinculada.
Claro que no. Apoyo al equipo, al trabajo que se hace en la Escuela Nacional, y cuando vienen competencias importantes me llaman y ayudo en los montajes, en cualquier cosa que se necesite.
Ya fuiste entrenadora.
Después de mi retiro en el año 2000 trabajé con la selección nacional... En aquel entonces era graduada como profesora de educación física y estaba en tercer año de la carrera, y empecé a trabajar con un grupo de niñas que tuvieron muy buenos resultados en sus categorías. Estuve tres años, pero después, por cosas que no siempre salen como las esperas, decidí cambiar e ir a trabajar a Playa.
¿A estas alturas consideras que tu retiro a los 24 años fue en el momento preciso?
Creo que sí. Después de perder la corona panamericana individual en Winnipeg´99, que fue un momento duro, vino a finales de ese año el mundial de Osaka, en Japón, donde podía clasificarme para los Juegos Olímpicos, y logré una de las mejores competencias que he tenido.
Terminé en el lugar 40, pero recibí la distinción de atleta de clase mundial. Los primeros días iba muy bien, entre las 10 primeras, pero es un deporte de apreciación y empezaron a preguntar quién y de dónde era. En fin, las calificaciones cambiaron y me bajaron.
Luego de eso llegué a la conclusión, junto con mi entrenadora Siomara Ameiller, que era el momento del retiro. En América me conocían pero en Europa muy poco, porque casi no competíamos allí, y era mejor despedirse con gloria.
Uno sale a darlo todo, con el corazón, pero las contrarias también se preparan y desgraciadamente hay factores que no dependen del atleta para el resultado.
¿Recuerdas la de Winnipeg como la competencia más difícil?
Sí, porque aunque lo saben muy pocas personas tuve que aprenderme el ejercicio de conjunto en una semana para asumir una sustitución de última hora, además del evento individual.
Lo hice para no dejar a mis compañeras sin opciones de competir después de un cuatrienio entero trabajando, pero fue muy complicado porque me ponían de última en individual y el ejercicio de conjunto nuestro era el primero, y me tenía que preparar corriendo, con el masajista trabajando por un lado, una compañera peinándome, otra ayudándome a cambiarme el traje. No lo justifico, pero eso pesó en la pérdida del oro en individuales.
¿Y cuál fue el mejor momento?
En realidad creo que fueron dos: el primero Mar del Plata, que me llevó al estrellato y al reconocimiento, a saber que podía llegar lejos, y marcó una diferencia no solo como atleta, sino también como persona, pues pude lograr la meta que me propuse y a partir de ahí fue diferente.
Después vinieron los Juegos Centroamericanos de Maracaibo 1998 y me convertí en la primera campeona de la gimnasia en esos eventos. Fui la reina, con cuatro medallas de oro.
¿Tienes algo de qué arrepentirte, que ahora harías diferente?
Nada en cuanto a la gimnasia, porque le di mi vida desde los cuatro años. A los cinco tomé conciencia de lo que quería para el futuro, y comenzaron sacrificios como dejar de comer para no engordar, algo con que mi mamá sufría.
Es muy complicado cumplir con las restricciones. Por ejemplo, los 31 de diciembre, que son siempre de fiesta y comida, me limitaba a carne sin grasa y vegetales, sin probar los dulces. Quería regresar en mi peso a los entrenamientos, en los primeros días de enero, y en eso nunca tuve problemas.
¿Entonces la voluntad siempre fue tu aliada?
No. Al principio no era tan voluntariosa. En realidad fue algo que aprendí luego.
Se habla mucho de tu talento natural.
Ciertamente me ayudó mucho, marcó una diferencia porque me dio confianza para trazarme los objetivos y tener seguridad, me permitió llegar. Mi entrenadora dice que fue difícil por mi temperamento, por mi carácter, pero lo logré. La Yordania atleta se trazaba cada objetivo en su momento, algo que me enseñó Siomara y me sirvió de mucho.
¿Algún sueño sin cumplir?
Haber asistido a unos Juegos Olímpicos. Clasifiqué para los de Atlanta´96 y no me llevaron por estrategia de resultados, incluso después de entrenar duro, prepararme por varios meses en el Maracaná, en Brasil, con muy buenas condiciones.
En más de una ocasión te llamaron "la elegante de la gimnasia rítmica", ¿por qué?.
En un Grand Prix en Bulgaria recibí el premio a la más elegante. Creo que me ayudaba la estatura (1,73 metros), pues las extremidades largas permiten realizar los movimientos con más fluidez y eso influye en los jueces.
La expresividad también te caracterizó, ¿Fue algo que lograste con los años?.
Me tracé el propósito de lograrla y tuve la suerte de competir mucho y coincidir en los inicios con Lourdes Medina, quien se caracterizaba por eso. También me gustaba ver a la campeona mundial Elena Vitrichenko, otra con esa virtud, y me puse como objetivo ser igual en ese sentido. Fue un trabajo muy arduo frente a los espejos, ensayar cómo poner el rostro en dependencia del tipo de música, y otros muchos detalles. Se fue creando un hábito, estudiaba todas mis selecciones, entraba en el personaje a interpretar.
Recuerdo una vez que tenía una selección de cinta con música de baile español, y di clases para eso. Siempre quise trasmitir la emoción al público, y eso es lo que queda. La medalla puedes no ganarla por apreciación, pero el público te ve, y ese sí tiene que recordarte.
Pero hay otra anécdota... la de la vuelta al tapiz antes de competir.
Comenzó en Colombia, en un torneo panamericano del deporte, con una responsable de competencia bien en contra de las cubanas, empeñada en que no ganáramos. Le dije, lo siento pero voy a conseguir las cuatro de oro, y recuerdo que cuando fui a hacer la cuerda puso una música incorrecta y tuve que salir, esperar... Fue una demora tremenda para ponerme nerviosa. Entonces dije ahora los voy a sacar yo de paso a ellos, y cuando entré en aro caminé todo el tapiz antes de colocarme y las juezas se mostraron desesperadas. Desde ese momento lo convertí en un ritual y empezaba siempre así. Eso marcó un momento y después hasta a los jueces les gustaba, me reconocían por eso.
¿Qué te gustaba más y qué no en el deporte?
El aro era mi preferido, muchas de mis medallas de oro fueron con él, pero no resistía la pelota, porque en el momento técnico son muy rigurosos los elementos que se miden. Ves un rodamiento muy bonito, pero si salta un poco ya te quitan puntos, y así son muchas las cosas que hay que atender.
Otro "castigo" era la preparación física, era morirme. Cuando se terminaba la parte técnica y Siomara nos anunciaba que venía lo físico, era terrible, pero comprendí que esa base resultaba imprescindible y eso me hizo crear conciencia.
Yordania es tan buena conversadora como lo fue sobre los tapices, pero Keren ya no resiste más lejos de mamá y es hora de ir a buscarla, aunque quedó tiempo para una última pregunta:
¿Con mamá y papá atletas, quisieras a las niñas dedicadas al deporte?
Una de las responsabilidades que tenemos es guiarlas, y me encantaría que mis hijas fueran deportistas. La mayor ya está en gimnasia, pero no logra hacer el split y eso le ha creado rechazarla, y ahora habla de ser voleibolista. Yo le enseño que tiene que esforzarse, que toda profesión requiere un sacrificio, pero al final serán ellas las que determinen.
|
|
|
|