Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Entrevistas
Por: Roberto Ramírez
Diógenes Luna Martínez
La pelea nunca estaba perdida
Contactado por JIT poco después de la ceremonia organizada para despedirle oficialmente del deporte activo, el bronceado olímpico de Sydney aceptó un intercambio que transcurrió fluido.
Trayectoria...
Entre los más fogosos exponentes del pugilismo cubano en los últimos años, se coronó en los Juegos Centroamericanos de Maracaibo´98 y Panamericanos de Santo Domingo´03, la Copa Mundial de Chongqing´98 y la lid del orbe de Belfast´01. Fue bronce en los Juegos Olímpicos de Sydney´00, donde pareció perjudicado por el arbitraje.
En la actualidad...
Tras laborar durante 26 meses como colaborador en la República Bolivariana de Venezuela está por comenzar su quehacer como entrenador de infantes en Ciudad de La Habana, donde reside.

La Habana (27 ene).- CON DIÓGENES Luna la pelea nunca estaba perdida.

«Es de esos atletas que los entrenadores siempre queremos en el equipo», dijo Sarbelio Fuentes en pleno Campeonato Mundial de Belfast´01, donde el guantanamero se erigió monarca ligero welter.

El estratega graficó así la entrega de un púgil que remontó más de una desventaja inicial, se burló de sus limitaciones en estatura y alcance y atesoró otros premios internacionales, incluido un bronce olímpico que al menos pudo ser plata.

Tres años después de su último pleito, Luna volvió a ser noticia hace unos días, cuando su provincia natal le aplaudió en ocasión de la ceremonia de retiro durante la final del torneo Playa Girón.

Entonces JIT propuso el intercambio que él aceptó sin rodeos.

¿Cómo descubres tu amor por el boxeo?

Comencé a los ocho años. Recuerdo que fue el 5 de mayo de 1985, porque el día primero había sido mi cumpleaños. Mi papá me pidió que lo acompañara a ver a un amigo, y resultó que era Rafael Ramírez, “Chipo”, quien se convirtió en mi primer entrenador.

Me preguntó si me gustaba, le dije que sí, y me citó para el día siguiente.

¿Atrapado desde entonces?

Me gustó desde el principio, y nunca lo dejé, aunque mi mamá pensaba lo contrario y me sacó siete veces del gimnasio.

¿Cuándo te convenciste de que podías pensar en grande?

Siempre tuve las lógicas aspiraciones de un niño que se entrega al deporte, pero fue importante que en 1989 me seleccionaran para la EIDE, asistir a mis primeros Juegos Escolares, en la categoría 13-14 años, y lograr medalla de plata. Después fui campeón en la 15-16, en 1992, me llamaron a la ESPA nacional y supe que podía proponerme otras metas.

Que comienzan a concretarse en 1994...

Sí, ese año gané el campeonato centroamericano juvenil, en Venezuela, y el mundial de la categoría, en Turquía, donde además fui seleccionado el más combativo.

Desde entonces la fogosidad como distinción.

Realmente ese fue mi estilo, pero exigió mucho rigor, porque requería de buena forma para mantenerlo durante todo el combate. Mis entrenadores, Honorato Espinosa y Julio Mena, lo sabían y me exigían mucho.

Y los comentaristas acuñaron aquello de «un atleta que no da ni pide tregua».

¿Entonces el gimnasio fue la clave?

Mantener la intensidad, marcar siempre el ritmo y buscar el intercambio para neutralizar a hombres que muchas veces me superaban en la distancia solo era posible manteniendo un alto nivel de preparación.

Ganaste varios eventos de importancia, como la Copa Mundial de 1998, en China, y los Juegos Panamericanos del 2003, en República Dominicana, pero el bronce olímpico de Sydney fue de mayor rango, aunque dejó insatisfacciones...

Sí, fue importante y triste a la vez, porque me sentí perjudicado en la pelea por plata. Había quedado bye para la primera vuelta, debuté ganándole 25-14 al francés Willy Blai y después vencí por RSC en el segundo asalto al egipcio Salen, y aseguré bronce.

Entonces llegué a la semifinal contra el estadounidense Ricardo Williams, un hombre de reconocida calidad, y el combate fue intenso, de mucho golpeo, pero estoy seguro de que gané, aunque él recibió el veredicto 42-41.

Y un año después tuviste cierta compensación al coronarte en Belfast.

Ese fue un Campeonato Mundial para el que tuvimos una buena preparación en Turquía. Fue un trabajo muy riguroso, con todos en el peso y peleando con rivales de categorías superiores. Llegamos con muy buen estado de ánimo, bien concentrados, y dispuestos a darlo todo.

Realmente disfrutamos ese evento, no sentimos agotamiento, y las siete medallas de oro respondieron al deseo que imperó en el colectivo.

¿Mantener el peso corporal te presionó mucho?

Solo estuve aliviado en los 67 kilos, categoría en la que gané la Copa del Mundo y los Juegos Centroamericanos de Maracaibo´98.

Después se decide que baje a los 63,5, y eso me exigía sacrificios, pero en realidad cuando llegaba al ring no sentía debilidad.

Siempre tuviste oponentes de gran nivel en Cuba.

Imagínate. Desde que entré a la ESPA nacional me tocó pelear con hombres como Enrique Carrión, Arnaldo Mesa, Mario Kindelán, Juan Hernández Sierra, Héctor Vinent... Todos fueron difíciles y creo que pensaron lo mismo de mí. Tuvimos peleas muy duras, con independencia del resultado, porque siempre busqué el intercambio adentro y forcé al máximo.

¿Nunca te noquearon?

No. Recibí conteos y fui a la lona, pero nunca perdí por RSC, KO o abandono.

¿Por qué el retiro?

Lo decidí en el 2005, en pleno torneo Playa Girón, en Pinar del Río. Perdí con mi compañero de equipo Yoelkis Labañino y entonces supe que debía terminar. Hablé con mis entrenadores, con los compañeros de la provincia, y todos opinaron que ya había aportado bastante.

Recuerdo que cuando conversé con Sarbelio Fuentes, que era el jefe del colectivo técnico, recordamos que aunque estaba joven ya tenía 21 años como atleta.

¿Estabas agotado?

Tenía los hombros muy lastimados. Me dolían cuando tiraba, y sufría demasiado, porque mi estilo dependía de hacerlo todo el tiempo. Acumulé muchas peleas, siempre con intercambios, y llegó el momento en que el cuerpo no respondía igual.

Hablemos de tu trabajo como colaborador en Venezuela.

Estuve 26 meses, desde el 2 de noviembre del 2006, y puedo asegurar que fue una gran escuela. Cumplí tareas que nunca pensé asumir, como dirigir ejercicios para personas de la tercera edad o niños pequeños, impartir bailoterapia, rehabilitar y estimular el deporte participativo, además de jugar softbol y béisbol. Una experiencia de gran importancia para el trabajo que me propongo hacer.

Que es como entrenador.

Sí, en Ciudad de La Habana, donde vivo. En los próximos días debo vincularme a un área, para enseñar a los más pequeños, algo que me gusta.

¿Está asegurada la continuidad pugilística en la familia?

Bueno, mi hijo Ronald, que tiene siete años, se embulló un poco, aunque yo no influí en nada. Pero ahora parece estar decidido a ser pelotero.





   
 
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