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| Entrevistas |
| Por: José Luis Salmerón | |
| Tres lustros y... con el fusil a cuesta | | Tuvo la satisfacción de compartir el récord mundial de match inglés con 400 de 400 blancos posibles, pero hoy siente más que nunca la nostalgia de no haber tomado parte en una cita olímpica.
| COLGÓ el fusil tras 16 años de hacer estragos en América y Europa, motivos por los cuales Arnaldo Rodríguez García, especialista en match inglés, alcanzó resonancia internacional, mucho más a partir de 1989, cuando igualó en Moscú el récord mundial con 400 blancos.
«Fue un momento trascendental en mi vida, pero dos años más tarde, en la Copa del Mundo en Munich´91, en 3×40 (tendido), repetí esa marca y finalmente obtuve el tercer lugar, y esas actuaciones las mantengo vivas en mi corazón», dijo a JIT el hoy subdirector técnico de la Escuela de Formación de Atletas Cerro Pelado.
Hizo silencio y meditó, como si dejara volar los pensamientos, sentado sobre un banco en los jardines de su actual centro de trabajo, donde con anterioridad actuó como jefe de deportes, después de su retiro.
¿Cómo asumiste la hora del retiro?
Con la cabeza en alto. Me había preparado para cuando llegara ese triste momento. Lo que comienza termina y la vida de un atleta acaba a partir de que merman sus resultados. No se puede ser obstinado, eso aconsejo; contra la corriente no se puede nadar.
¿Consideras ahora que aceleraste ese paso?
De ningún modo. Lo di en el momento oportuno, cercano a la realidad personal. Todavía el tiro es mi pasión, siento la ausencia de mi fusil y en sueños aún perforo dianas. Tengo al tiro entre los deportes que directamente atiendo, por tanto lo sigo y estudio las técnicas más avanzadas de cada especialidad para aplicarlas en nuevas recomendaciones para los técnicos.
¿Por qué no entrenador?
Uno debe ocupar el lugar donde sea más útil. Al decir adiós a las armas y graduarme en Cultura Física, durante 30 meses cumplí misión deportiva en Irán, fruto de un convenio entre los comités olímpicos de nuestros países.
A mi regreso me ofrecieron la jefatura de deportes en el Cerro Pelado y lo consideré una buena opción para poder desarrollar mis conocimientos y no vacilé en aceptar. De hecho soy un entrenador, con 23 deportes a mi cargo y 54 equipos entre mayores y juveniles, y como metodólogo controlo los procesos de preparación del tiro.
¿Cómo llegaste al tiro?
De casualidad. Nací en Fomento, entonces provincia de Las Villas, hace 48 años y a los diez mi familia se trasladó para la ciudad de Camagüey, y entre fiñes en el barrio Guernica, surgió mi inclinación por el tiro, desde luego, estimulado por Félix Candía, vecino y amante de la disciplina, quien me llevó a las pruebas de admisión.
Me sorprendí al escuchar que estaba listo para ingresar en la EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva Escolar, cantera de la inmensa mayoría de los más calificados atletas cubanos). Ramón Howard O´Farrill fue mi primer entrenador y desde ese momento de 1973 y hasta septiembre de 1995 me mantuve pegado al fusil, como la hiedra a la pared, hasta que como buen caballero, asumí la hora del retiro, sin haber realizado mi mayor anhelo: tirar en una olimpiada.
¿Razones?
Fueron momentos en que la política se mezcló con el deporte. Después que Estados Unidos y sus aliados encabezaron el boicot contra la cita olímpica de Moscú´80, y en solidaridad con la entonces Unión Soviética, los atletas cubanos y de otros países del campo socialista no asistimos a Los Ángeles´84 ni a Seúl´88. Personalmente transitaba por mis mejores momentos, e incluso pensaba en imitar a Castrillo, llegar al podio. Pero no lo lamento porque fueron respuestas contundentes a las maniobras estadounidenses.
Además de las marcas igualadas, ¿qué otras relevantes alcanzaste?
Los 599 de 600 en el Premio Liberación en Pilsen, Checoslovaquia; 597 en Moscú, con empate entre tres y en tiros adicionales segundo, y 600 de 600 en el mismo escenario, pero finalmente cuarto, fueron resultados trascendentes. Muchos rivales de calidad enfrenté, los mejores del planeta en aquellos tiempos. Todas fueron avaladas por la Federación Internacional de Tiro. Me ubicaba entre los mejores del ranking.
¿Cómo aceptas tu paso por los torneos relacionados con los Juegos Panamericanos y Centroamericanos y otros, como el Benito Juárez?
Ajustado a mis posibilidades. El tiro es un deporte que demanda muchos recursos en su desarrollo y preparación. Asistí a cuatro Juegos Panamericanos e igual cantidad de centroamericanos. Mi especialidad, una de las más calificadas en el continente, es dominada por Estados Unidos, gracias a sus potencialidades: demografía, armas, proyectiles, vestuario y fogueo, tanto nacional como fuera de sus fronteras. En panamericanos obtuve bronce en Caracas´83 individual y por equipos; en La Habana´91 plata colectiva, al igual que en Mar del Plata´95, mientras que en los centrocaribes alcancé oro en 1986 y plata en 1982, además de un oro y otros tres segundos lugares por equipos. Decidí abandonar a mi regreso de Mar del Plata.
¿Está asegurado el relevo?
Es necesario realizar un trabajo de base sólido en todo el país para asegurar captaciones de calidad. El tiro es un deporte monótono, aburrido, que demanda voluntad, sacrificio y mucha ecuanimidad. Estás obligado a no trasnochar, dormir y gozar de extrema tranquilidad. No todos los jóvenes se someten a este ritmo de conducta. Además, como ya señalé, para impulsarlo necesita de recursos, desde la instalación hasta el simple proyectil. Esto puede darte una idea de cuánto hay que hacer e invertir para obtener resultados.
¿Algún heredero para el deporte?
Directamente no; tengo un hijo de 20 años, que nunca se inclinó por el tiro, optó por la informática, pero el de mi hermano Hermes, mucho mejor que yo, sigue las huellas de su padre. Me reconfortaría tener un sobrino medallista internacional.
Efectivamente, Hermes clasificó como uno de los escopeteros más destacado del continente y junto a Arnaldo integraron una pareja espectacular ocupante de los dos primeros lugares en centrocaribes, además de conformar los equipos ganadores.
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