Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Entrevistas
Por: Eyleen Ríos López
Erick López Ríos
Diálogo con un rey
Vive una etapa diferente en su vida, con una relación recién descubierta con el periodismo deportivo, además de otras funciones en la Comisión Nacional.
Trayectoria...
Medalla de plata en barras paralelas y quinto lugar all around del campeonato mundial de Bélgica´01. Máximo medallista en Juegos Panamericanos con 18 de oro, tres de plata y una de bronce. Participó en los Juegos Olímpicos de Sydney´00 y Atenas´04, en ambos se incluyó entre los 24 mejores.
En la actualidad...
Metodólogo de la comisión nacional, específicamente para el trabajo con el área de mujeres.

UNA RECIÉN descubierta relación con la narración deportiva mantiene muy motivado al ex gimnasta Erick López, fascinado por un mundo que hasta ahora le era desconocido.

El máximo medallista en Juegos Panamericanos vive una etapa diferente en su vida, y aunque reconoce que aún no se ve detrás de los micrófonos asegura que «tengo la base para hacerlo bien, y me siento preparado para lograrlo de una manera amena».

Ganador de 18 medallas de oro, tres de plata y una de bronce en las citas multideportivas continentales, subcampeón universal en barras paralelas y muchas veces premiado en certámenes internacionales, Erick se adentra ahora en los misterios del periodismo deportivo como parte de una iniciativa que reúne a varias glorias cubanas.

«Es muy interesante, porque estamos aprendiendo cosas que desconocíamos, hasta de mi propio deporte. Y también dicción y métodos para comunicarnos mejor», confiesa en diálogo con JIT, iniciado por este tema y con escenario en un muy calmado coliseo de la Ciudad Deportiva.

¿Cómo te vinculas al curso? ¿Le aporta al deporte que ustedes apoyen las trasmisiones televisivas o radiales?

Respondí a una convocatoria que hicieron a muchos que ya dejamos el deporte activo pero seguimos trabajando en este medio, y pienso que es una idea muy buena, porque quiénes mejor para aportar datos que pueden resultar interesantes a la afición.

Es una práctica que ha tomado auge en el mundo y pienso que convierte en más seguidas y atractivas las trasmisiones, aunque te repito para mi es todavía un estudio, no he tenido la oportunidad de enfrentarme a un espacio.

Pero esa no es tu función fundamental en la actualidad.

Claro. Soy metodólogo de la comisión nacional, específicamente para el área femenina, y aunque llevo poco tiempo tengo muchos deseos de poner en práctica mis experiencias para apoyar el trabajo que se hace. Contribuir a que mi deporte avance, porque se sabe que no estamos en un buen momento y espero que salgamos de ese bache.

Después de tu retiro, en el 2004, asumiste rápidamente varias acciones de superación. ¿Cuánto te aportaron?

Realmente hubiera querido descansar un poco más después de tantos años de entrenamiento y competencias, pero me seleccionaron para un curso de preparación integral y luego, en el 2006, fui incluido en una maestría coordinada con Solidaridad Olímpica.

Recibimos clases en varias ciudades españolas y el final fue en Suiza, en la sede del Comité Olímpico Internacional, y me aportaron mucho. Fue también un momento muy importante en mi vida después de terminar como atleta, porque me ayudó a conocer realidades que están detrás de las medallas, de los atletas, y de las que uno no se percata demasiado cuando está en activo. Cosas que funcionan para garantizar la preparación del atleta.

Yo diría que sin ellas es imposible todo el proceso.

Háblame de las relaciones de trabajo con quienes te dirigían en tus años de atletas.

Es curioso verlos ahora desde otro plano, pero una cosa es segura: estoy aprendiendo. Ellos tienen las experiencias de muchos años y me pueden enseñar, aunque yo trato de aportar la otra parte, la vivencia del deportista, sobre todo en el orden técnico, con vivencias más recientes.

¿Tu inicio en el deporte fue casual, como el de muchos, o lo propició la familia?

Aunque provengo de una familia deportiva ninguno estuvo relacionado antes con la gimnasia. Llegué por captaciones en mi escuela primaria y comencé a entrenar con seis años en la academia de Prado y Trocadero. El resto es parecido al de otros, con tránsito por todas las categorías: con 10 años entro a la escuela nacional de Belascoaín y Sitios, y con 13 debuté en mi primera competencia internacional.

A finales de 1987 ya estaba en la preselección nacional y en 1989 fue mi primer torneo como miembro del equipo nacional, el Campeonato Mundial de Stuttgart, Alemania.

Mi familia siempre me impulsó mucho, soy el menor de siete hermanos y todos de alguna manera estuvieron vinculados al deporte, principalmente el fútbol, el tercero de nosotros llegó al equipo nacional también, aunque hoy por hoy soy el único ligado al deporte.

¿Alguna vez pensaste en cambiar de deporte?

Te confieso que sí. No se por cuál me hubiera decidido, creo que el fútbol por tradición familiar, pero me gustan mucho el ciclismo y otros deportes de velocidad.

Incluso recuerdo que siendo niño hice rechazo un tiempo a la gimnasia, algo que ahora se ve normal, y seguí gracias al apoyo de la familia. Creo que más que apoyo fue respeto, allí había que tener disciplina deportiva, me decían eso tiene que ser así y ya.

¿Sacrificaste mucho por el régimen de los entrenamientos?

Pienso que hice sacrificios, pero nada extraordinario. Es un sacrificio que te limita en algo, pero esa era mi función, mi labor en ese momento. Además soy una persona tranquila, oigo música, veo una película y no salgo mucho.

¿Algún resultado ocupa un lugar especial de tus recuerdos?

No, no tengo uno que pueda decir en especial, aunque en mis últimos años tuve muchos importantes. Pero cada uno marcó su momento, cada uno tenía un objetivo y significó algo.

Por ejemplo, de unos Juegos Panamericanos a otros representaba aumentar el récord de medallas, y no es que trabajara para eso, pues muchas veces me enteraba en el propio evento, porque me decían “oye, vas a romper el récord”.

Sí recuerdo que en los terceros, en Winnipeg´99, mi entrenador me comentó que tenía posibilidad de implantar el récord de ganar por tercera vez consecutiva, aunque en lo que más pensábamos era en el mundial que teníamos un mes después y era clasificatorio para la Olimpiada.

¿El más difícil de los Panamericanos?

Sin dudas el cuarto, Santo Domingo 2003. Fue difícil por lo que representó, la presión de ser el favorito y llegar al máximo de medallas.

Y lesionado.

Sí, aunque no se divulgó en ese momento, una semana antes de salir para la competencia se me zafó una manilla en los entrenamientos y caí en el tabloncillo. Me fracturé el dedo gordo del pie, pero yo insistí y fuimos probando poco a poco, suave con las caídas, las carreras y así enfrenté la competencia.

¿Un evento para olvidar?

El campeonato del mundo de 1995, si tuviera que olvidar uno sería ese. Hice todo lo que no se puede hacer.

Volvamos a los agradables.

El tercer lugar en el all around del mundial universitario de Palma de Mallorca 1999, al que solo faltaron algunas figuras por la edad y casi fue un premundial de mayores, muy fuerte, y me sentí con muchas posibilidades. Después vino la medalla de plata en el 2001.

Algunos han mencionado que no tenías la estatura de la generación anterior en Cuba, es decir hombres como Roberto León Richards o Casimiro Suárez, ¿fue una desventaja?

Es cierto, además antes se pensaba que esas eran estaturas ideales. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que la estatura promedio es más o menos la mía (1,63 m). Es ideal por los elementos de alta complejidad que se hacen en la actualidad. Me lo comentaron los mismos entrenadores, y según dicen el estudio se hizo con gimnastas de primer nivel, aunque hay algunos muy buenos con mayor estatura porque se les facilitan determinados movimientos. Pero la selección no es de un solo elemento, sino de un conjunto de entre 12 y 14, y es esencial el acople de todos.

¿Tu principal virtud?

La disciplina, siempre me la inculcaron y traté de cumplir, no solo en el deporte, sino también en la vida. Tengo esa meta.

¿Qué ejercicios disfrutabas más?

Sobre todo me gustaba competir y tener el resultado en el all around. Para los entrenamientos disfrutaba mucho del caballo con arzones, que es el más difícil por su demanda técnica, pero cuando lo dominas te resulta fácil y además si el entrenador no está tú solo puedes subir y practicar.

Todo lo contrario con la barra fija, a las que siempre respeté. Es un elemento difícil de dominar, y aunque tuve resultados en ellas las respeté mucho. Las anillas me gustaron más en los últimos tiempos, y al público le llamaba mucho la atención. Por la calle me preguntaban sobre las selecciones y creo que por eso me esforzaba para hacerlas lo mejor posible.

¿Cuánto ha variado la gimnasia comparada con la de hace 10 años?

El reglamento varía en cada ciclo olímpico. Pierden valor elementos importantes hasta ese momento y viceversa, por eso las selecciones de ahora tienen más dificultades que las de hace unos años. El gimnasta tiene que trabajarlas más por las exigencias y se ha descuidado un poco la belleza, porque pesan más las dificultades. Ya se eliminaron también los ejercicios obligatorios, que en mi opinión ayudaban a llegar mejor preparado a la dificultad.

Ya existe un pequeño Erick. ¿También gimnasta?

Tiene siete años y ya decidió que no le gusta la gimnasia. Sigue mucho más el fútbol, le gusta correr y me dijo que le gustaba el atletismo.

Tiene cualidades, incluso lo he llevado al gimnasio y ha hecho elementos sencillos, pero dice que nada de gimnasia, porque uno se zafa de la barra y cae en el tabloncillo.

¿Qué te faltó por lograr?

Me hubiese gustado una medalla olímpica. En Sydney 2000 quedé suplente para la final de anillas, pero no pude acercarme más.

Si repitieras tu historia en el deporte, ¿cómo la asumirías?

Trataría de hacerla mejor.



   
 
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