Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Entrevistas
Por: Eyleen Ríos López
Milagros González
«Me apasiona ser entrenadora»
No añora sus momentos estelares desde el trampolín, cuando marcó época en el clavados cubano, porque ahora disfruta tanto o más enseñar.
Trayectoria...
Finalista olímpica en Moscu´80. campeona centroamericana en Medellín´78, La Habana´82 y Santiago de los Caballeros´86. Cuarto lugar panamericano en San Juan´79 y Caracas´83. Multimedallista en torneos internacionales como las Copas de la Amistad.
En la actualidad...
Entrenadora del equipo nacional de clavados.

SU HISTORIA es como la de otros muchos atletas que llegaron al deporte por casualidad y no pudieron desprenderse de ese “bichito” que se les metió dentro.

Sin embargo, a diferencia de algunos de ellos, Milagros González no añora sus momentos estelares desde el trampolín, cuando marcó época en el clavados cubano, porque ahora disfruta tanto o más enseñar.

«Me apasiona ser entrenadora, desde el día que me retiré en 1986 no he hecho otra cosa», confesó a JIT en el complejo de piscinas Baraguá, donde labora con la selección nacional.

«No quiere decir que no me gustaría saltar, si la edad y el peso corporal me lo permitieran —aclara en broma a sus 45 años—, pero siento que enseñar es lo mío ahora.

Así comenzó el diálogo, no exento de un nerviosismo inicial, pues a Milagros le da pavor la prensa, aunque al menos en esta ocasión no corrió a esconderse como hizo más de una vez cuando era atleta.

«Eso parece que no lo voy a superar nunca», dice, pero a continuación vuelve al tema y asegura que «compenetrarme con mis alumnos, ver cómo avanzan y hacen mejor las cosas es la sensación más gratificante ahora».

¿A quiénes prefieres, muchachos o muchachas?

En realidad después de mi retiro comencé a trabajar con hembras, en Holguín. La primera vez que lo hice con varones fue aquí, en la selección juvenil, y de hecho creo que me gusta más trabajar con varones. He tenido experiencias muy bonitas, porque me relaciono mucho con el atleta, en una comunicación muy completa, y les hablo como si fueran mis hijos. En ese vínculo incluyo todo: lo educativo, lo técnico, lo humano...

Con las hembras también me compenetro de igual forma, y por ejemplo desde hace unos meses entreno a Danay Brizuela, que tiene mucho talento, puede lograr buenos resultados. Con ella también espero formar una buena unión.

¿Recuerdas a algún alumno en especial?

No te diría ninguno en especial. He trabajado con atletas maravillosos, y con todos he tenido muy buenas relaciones. Incluso con aquellos que no son míos me llevo muy bien.

Ahora entreno a Yenkler Aguirre, que recién se clasificó para los Juegos Olímpicos, y a Deinet Castellanos, medallista en el torneo canadiense CAMO, y son muy dedicados y disciplinados.

Cuba ha logrado insertarse en la elite mundial, pero solo con sus hombres. ¿Por qué piensas que las mujeres se han quedado detrás?

Nuestro deporte es muy elitista, necesita recursos caros y pienso que los problemas con las condiciones materiales las afectaron más a ellas, unido a que la selección de talentos no ha sido la más correcta. Se hizo mejor el trabajo entre los hombres y ahora arrastramos esas consecuencias, y en estos momentos la reserva de los muchachos está más completa.

Tenemos muchachitas jóvenes, pero se necesitan más, algo en que nos estamos empeñando, y creo que dentro de poco tiempo podemos acortar la diferencia, porque hay talento. Por ejemplo, tenemos una pareja en el sincronizado de plataforma (Yaima Mena-Annia Rivera) que no está muy lejos del mundo, pese a que el nivel es altísimo.

¿Qué esperas de los Juegos de Beijing?

Creo que va a ser nuestra gran oportunidad. Es el momento de demostrar que no por casualidad llevamos varios años entre los mejores del mundo.

Antes mencionaste una modalidad que no existía en tu época: el sincronizado. ¿Te hubiera gustado saltarlo?

Realmente me hubiera gustado probar, porque los sincros se han convertido en la mayor atracción del clavados, sobre todo el de plataforma, que es un espectáculo.

Vayamos un poco al pasado. ¿Cómo recuerdas tu época de atleta? ¿Fueron muchos los sacrificios?

Fue una experiencia muy bonita estar en el deporte. Soy holguinera, la menor de cuatro hermanos, y no me dejaron venir a La Habana hasta que cumplí los 10 años; solo entonces me dieron el permiso. Pese a ser tan chiquita convertí al clavados en la razón de mi vida y disfruté cada momento, aunque fueron muchos los sacrificios.

Tienes que limitarte de muchas cosas, solo tenía libres las tardes del sábado y el domingo. Sin embargo fue muy lindo lo que viví en la escuela Marcelo Salado y por eso creo que cuando me iba para mi casa solo estaba pensando en que llegara el domingo para regresar.

Además de ser finalista olímpica en Moscú´80, tienes tres títulos centroamericanos, dos cuartos lugares panamericanos y medallas en otros muchos torneos internacionales. ¿Por qué siempre el trampolín?

Yo no lo escogí, me especializaron en él y dejé a un lado la plataforma, aunque recuerdo que en un campeonato nacional de primera categoría salté en ese evento para ayudar a mi provincia, y lo hice bien, pues fui segunda.

¿Hay mucha diferencia entre tu época y esta? ¿Habrías querido saltar ahora?

Todas las épocas tienen su encanto, y si me hubiera gustado saltar en esta época sería por haber entrenado en esta piscina. En cuanto al nivel pienso que es muy fuerte, pero similar al de mi momento.

Ahora existen programas más complejos en la plataforma, y desde el trampolín algunas mujeres tienen programas que incluyen los clavados inversos de espalda y adentro en B, y yo lo hacía en C. Si me los hubieran enseñado así creo que también los hubiera hecho.

¿Qué cualidades debe tener un buen trampolinista?

Buena coordinación y saltabilidad. Yo lo tenía, y sobre todo era muy guapa. Solo era vaga para la parte física de los entrenamientos, que no me agradaba, pero la técnica me encantaba. Me gustaba trabajar en la cama elástica, los saltos en la piscina. En general me entregaba bastante porque siempre me gustó ganar.

¿Te movió alguna inspiración especial?

Mis entrenadores, pues tuve la suerte de que fueran muy buenos, pero también me inspiré en otras figuras, incluso de otros deportes, como el boxeador Teófilo Stevenson y el corredor Alberto Juantorena, a quienes siempre he admirado mucho.

Recuerdo que en una ocasión vi al Comandante en Jefe Fidel Castro premiando a Juantorena y dije a mi padre: Yo quiero que él me entregue una medalla alguna vez.

¿Algo que evitabas en las competencias?

No me gustaba que mis padres me vieran. Yo sabía que mi mamá se ponía muy nerviosa al verme saltar y por eso prefería que no estuvieran en las gradas. Recuerdo que en los Juegos Centroamericanos del ´82 vinieron a verme, pero escondidos.

Y no me enteré hasta que gané.

Ah, tampoco me gustaba competir con una trusa que no fuera negra, solo lo hice una vez y fue la competencia más desastrosa de mi vida.



   
 
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