Publicación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación de Cuba
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Entrevistas
Por: Roberto Ramírez
Yolando Sánchez
El tercer hombre del ring
Uno de los más experimentados oficiales del boxeo cubano comparte con los lectores de JIT sus criterios acerca de las características que deben definir a un árbitro en ese deporte.
Trayectoria...
Más de cuatro décadas de labor le convierten en uno de los más respetados oficiales del boxeo cubano.
En la actualidad...
Árbitro Internacional Clase A de la AIBA

MÁS de cuatro décadas como oficial convierten a Yolando Sánchez en una de las voces autorizadas para hablar sobre esta actividad en el boxeo cubano, que le tiene como el único actuante en las 40 ediciones del Campeonato Nacional Playa Girón, sin dudas el mejor de su tipo en el orbe.

Árbitro Internacional Clase A de la AIBA, autor de diversos trabajos, historiador, habitual colaborador de diferentes medios de prensa y permanentemente preocupado por la superación de los más jóvenes, este veterano no se cansa de afirmar que «mientras más trabajemos y nos apliquemos más nos acercaremos a lo que todos aspiramos: tratar de ser un árbitro para respetar».

¿Qué factores deben distinguir a un hombre con tal responsabilidad?, ¿Cómo asumir con éxito un papel tan cuestionado internacionalmente en los últimos años?

Esas y otras interrogantes marcaron el curso de un diálogo ameno, en que Yolando, con mucho que decir, derrochó conocimientos y dictó toda una clase magistral a los amantes del tema.

¿Están claras para usted las características a las que debe aspirar un árbitro de boxeo?

Los árbitros, en el ejercicio de sus funciones, evalúan el trabajo de los boxeadores y resultan por tanto una figura discutida y controvertida, cuando producto de una decisión suya pueden verse afectados los pronósticos precompetitivos. Por esto al margen de todo comentario sobre su trabajo es necesario relacionar los aspectos fundamentales que definen al árbitro ideal o de más alta maestría: humanismo, valentía, autoridad, imparcialidad, honestidad, velocidad de reacción, dominio de las reglas, energía de las voces de mando, presencia y vocación.

Comencemos por el primero.

Imprescindible para que por encima de cualquier interés o intereses tenga como divisa que la primera y más importante responsabilidad del árbitro es precisamente la integridad del atleta, evitando de esta manera castigo indebido e innecesario, eliminando el peligro de traumas y lesiones que a la larga traigan consecuencias funestas para la carrera deportiva del boxeador.

- ¿Cómo traducir términos como valentía y autoridad para los hombres de blanco?

Cuando hay un árbitro valiente y exigente se aplica el reglamento sin contemplaciones, sin importar presiones, amenazas, ofensas y escándalos, tanto del público como de las esquinas, y más aún cuando el atleta está en su patio.

No cabe detenerse a pensar qué podrá suceder cuando se aplique lo que corresponda y está establecido por las reglas, ni las consecuencias de quitar un punto por infracciones cometidas.

Valentía para no dejarse coaccionar cuando hacen señalamientos y hay funcionarios, delegados o representantes parcializados que corren al jurado a quejarse o gritan que el árbitro es malo.

Queda claro que todo esto se concatena, porque rasgos como la imparcialidad saltan a la vista en sus comentarios.

No hay nada separado. El árbitro debe ser justo y honesto en la aplicación de las reglas sin importarle el color de la esquina, la categoría, la estelaridad del boxeador ni la personalidad que lo sube, ni la provincia o país de donde procede, sin tomar bando ni por uno ni por otro. Deberá hacer los señalamientos y llamar la atención en el preciso momento en que sea necesario, no advertir a un boxeador por meter la cabeza y permitir al otro dar manotazos o pegar repetidamente por debajo de la faja, pues esto constituye parcialidad.

Constituye falta de honestidad tratar de desestabilizar un boxeador o sacarlo de paso como se dice en el argot, haciéndole señalamientos por faltas que no se han cometido, tratando de incidir en el resultado del combate.

Pero todo eso implica contar con capacidad de respuesta.

Claro, buenos reflejos que debe poseer el árbitro para actuar con rapidez cuando se produzca un golpe contundente que maree, afloje o paralice la acción del que lo recibe o que sin haber caído no tenga defensa que lo proteja contra el segundo golpe que pueda traerle fatales consecuencias. También aquí se contempla la agilidad en cuanto a la atención de los boxeadores fulminados o puestos fuera de combate y la preparación urgente de los mismos antes de la llegada del médico.

Se requiere también velocidad de reacción y buena vista para determinar cuándo conjuntamente con el sonido del gong se produce un golpe que se decreta, en los casos de los golpes bajos si hay simulación o son reales, protectores bucales escondidos por los boxeadores o retenidos por los entrenadores en las esquinas durante el transcurso del asalto o dejado caer a ex profeso por el boxeador para evadir castigo o amortiguar cansancio.

Controlar inmediatamente escándalos en las esquinas, exhortaciones indebidas por los segundos durante la pelea, o mandar que vaya a la esquina neutral al boxeador que produjo la caída y que se mantenga en ella durante el conteo para que este se recupere, o cuando esté en el proceso del conteo el entrenador suba y lance la toalla y en vez de RSCH o fuera de combate se confunda el árbitro y decrete abandono. Muchas de estas situaciones pueden ocurrir cuando no hay una buena velocidad de reacción y visión por parte del árbitro.

¿Las reglas se aprenden y ya?

Un buen árbitro debe estar actualizado en todo momento mediante la lectura y repaso constante de las reglas vigentes para no tener dudas en cuanto a tomar cualquier decisión en el momento que se produzca cualquier desenlace del combate.

Como es conocido por todos, la AIBA, celebra su Congreso ordinario cada cuatro años y las distintas comisiones presentan modificaciones y ediciones al articulado y a las reglas para su aprobación y si no estamos actualizados no podemos aplicar debidamente todos estos cambios, dando orígenes a protestas y reclamaciones por las partes afectadas.

¿Es necesario gritar sobre el ring?

Las voces de mando deben ser enérgicas, pero sin estridencias, claras y concisas, que puedan ser oídas por ambos boxeadores para que paren o suspendan las acciones inmediatamente, cuando manda a romper un cuerpo a cuerpo pueda ser escuchado aunque haya bullicio o escándalo ensordecedor por parte del público, evitando con esto que cuando manda a detener las acciones pueda sobrevenir golpe alguno, que traiga consecuencias desagradables que den lugar a descalificaciones con posteriores reclamaciones por parte de entrenadores y delegados.

Las voces enérgicas y precisas paralizan acciones violatorias de atletas infractores, esta característica es uno de los exponentes de la autoridad del árbitro.

El tema de los movimientos del árbitro es controvertido, porque hay algunos que llaman demasiado la atención

De cómo se desplace el árbitro en el cuadrilátero da la medida del dominio de su trabajo durante el combate, este desplazamiento debe ser normal y natural con soltura y elegancia, procurando en todo momento situarse en el centro de ambos boxeadores a prudencial distancia, que le permita controlar las acciones y a la vez no interferir la visibilidad de los jueces, el jurado y el público, mucho más cuando se utiliza la máquina de computación, ya que se puede ganar o perder una pelea por la diferencia de un golpe.

El árbitro que se acerca demasiado a los boxeadores, independientemente que interfiere la visibilidad de los jueces, está expuesto en cualquier momento a recibir un golpe, ser pisoteado, acorralado contra las cuerdas, enredarse o caerse y producir la hilaridad del público.

Nada hay que desluzca más el trabajo del árbitro que la torpeza en los movimientos y los señalamientos.

Es también muy importante la presencia y aspecto del árbitro, así como la limpieza y elegancia de la vestimenta reglamentaria.

¿Se puede "fabricar" árbitros?

El arbitraje no es solamente una manifestación de ciencia y técnica en acción, sino también una expresión de arte, con la belleza en los movimientos y desplazamientos con naturalidad y prontitud.

Por eso en nuestro medio podemos decir que la vocación no es más que la disposición o inclinación anímica que permite un perfeccionamiento continuo en nuestro trabajo.

Si no existe vocación no es posible la maestría, pues no valen las improvisaciones.

Se puede haber sido un magnífico o talentoso boxeador, pero si no se tiene vocación, no hay maestría arbitral, e igual sucede con quienes hayan llegado a entrenador o preparador de grandes figuras y carezcan de verdadera inclinación hacia el arbitraje.

¿Y cómo controlar las emociones?

Eso se logra siguiendo un proceso de muchos años de trabajo y participación en múltiples competencias en todos los niveles, ya sean de base, nacional o en los más categorizados certámenes internacionales.

El proceso síquico no ha de lograrse con la debida efectividad si el propio árbitro no está interesado conscientemente en su desarrollo. Para esto, él mismo debe educar su carácter, fortalecer su voluntad, aprender a controlar sus emociones y conducta en cualquiera de las condiciones o situaciones que se presenten, perfeccionar la atención, la manera de tratar y pensar, de autoeducarse activamente. En el concepto de autoeducación hay que incluir el autoconocimiento y el autoperfeccionamiento de la capacidad de gobernar conscientemente sus propias acciones, actos, ideas y sentidos.
   
 
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