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LOS EQUIPOS de juegos con pelota ocupan un lugar de singular importancia en el deporte.
En Cuba béisbol, voleibol, baloncesto y otros son seguidos por una elevada cantidad de espectadores. De igual forma se arraiga el fútbol. El trabajo con tales colectivos es muy complejo y demanda el control de muchas variables de orden sicológico, sicosocial y sociológico.
Mi experiencia en ese campo comenzó su fase más intensa como sicólogo del equipo de voleibol para damas, aun cuando durante mi formación como sicólogo atendí con gran energía el tema de los grupos humanos, al que hace unos 30 años se dedicaban numerosas investigaciones.
Depende en mucho de las capacidades, la subjetividad y la personalidad de los implicados, y sobre todo de la intervinculación de las acciones desplegadas, que por tendencia se concretan de manera conjunta, bajo circunstancias muy excepcionales y con gran interdependencia de un jugador con otro.De manera excepcional tienen un carácter individual. En el voleibol, por ejemplo, la única de ese tipo es el saque.
Sin la coordinación de las acciones motrices y el empleo intenso de la comunicación para lograr regularlas es casi imposible que un equipo obtenga rendimientos encumbrados pese a muy elevadas cualidades físicas, técnicas y tácticas.
Carecer de un grado de armonía que garantice una comunicación adecuada es fatal.
Por tanto, cohesión, compatibilidad sicológica y armonía de equipo, resultan de interés para entrenadores y atletas, necesitados de subordinar sus características personales a las que adquiere el equipo cuando sus miembros se unen en una estructura de carácter sistémico.
El sentido de responsabilidad individual es reclamado en la representatividad del equipo. El compromiso con las metas trazadas para este y el grado de esfuerzo individual como contribución a sus propósitos constituyen premisas para los rendimientos.
En una ocasión pregunté a un entrenador de voleibol cuántos equipos estaban a sus órdenes. «El que tengo ahora», indicó, y entonces le sugerí que tenía tantos como sextetos podía conformar con su nómina, pues basta la salida de un jugador para que cambie la dinámica de rendimiento.
La armonía entre los jugadores es una exigencia de primer orden. No por gusto un colega planteaba: «El equipo es el concierto, para que exista el concierto debe existir la confianza y para que exista la confianza deben existir intereses comunes y con ello la armonía».
Esto nos lleva a la necesidad de una interiorización de la meta común del equipo en las mentes de cada jugador y plantearnos cómo ayudar a incrementar esa convicción.
Terry Orlick, un sicólogo del deporte canadiense que durante muchos años he tomado como referente, señala: «Cada miembro del equipo puede ayudarse a sí mismo o ayudar a los demás aprendiendo a tolerar a los otros mejor. Tú no debes esperar siempre que los otros te ayuden, así es que ayúdate a ti mismo tolerando a otros».
Exponer este mensaje a los deportistas puede resultar muy positivo, aunque educar en la armonía a los miembros del equipo transita por la orientación que brinda el entrenador de manera sistemática, paso que puede conseguir estableciendo actividades que lleguen a promoverse hasta convertirlas en normas y costumbre en los jugadores.
Es necesario modificar el concepto de cooperación por colaboración. El primero surge cuando ayudo a una persona. El otro se establece en un grado superior de la conducta, cuando la persona que recibe ayuda a la vez la brinda.
La disposición a dar apoyo a sus compañeros debe ser reforzada por el entrenador y el colectivo en pleno, pues estimular las relaciones de reciprocidad tributa a la construcción de la armonía, cualidad que debe ser tan valorada como la referida a las físicas, técnicas o tácticas.
También debe tenerse en cuenta que la eficiencia en un partido depende mucho de la calidad de la comunicación entre los jugadores, ya que gracias a la interacción verbal o no verbal se ajustará la posición de cada competidor, se podrán anticipar las acciones del contrario y modificar errores o fallos. Y la comunicación fluida exige armonía.
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