HORA DE CUBA: 06:51 AM

Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
JUEVES 8
DICIEMBRE, 2016

La Habana
Año 58 de la Revolución
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE
Mensajes desde el compromiso (IV)

Conmovidos y comprometidos con el legado del competidor y estratega mayor, son muchas las expresiones de dolor que llegan al organismo que le tiene como pilar insustituible.



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miércoles, 30 de noviembre de 2016 07:20 PM



Foto: JIT Colaborador

La Habana.- EL AGRADECIMIENTO eterno a su obra en el deporte cubano queda plasmado en cada uno de los mensajes que llegan a la Comisión Nacional de Atención a Atletas desde que se conociera la noticia. 

Los destinatarios son glorias, entrenadores, colaboradores, amigos de Cuba... todos conmovidos y comprometidos con el legado del competidor y estratega mayor. 

Estos son algunos de ellos:

Para mí Fidel es el hombre más importante de mi país; el Martí de hoy, por sus ideales vigentes en nuestra sociedad, y el Maceo del mañana por sus batallas. (Félix Savón Fabré)

El Comandante en Jefe es el máximo artífice de una concepción integral del sistema deportivo cubano tras el triunfo de la Revolución, descartando la enajenación del hombre y la mujer, esgrimiendo valores en defensa de la formación de niños y jóvenes, y potenciando la masividad, la recreación, la salud del pueblo, la práctica de las actividades deportivas, como base fundamental para el alto rendimiento. 

Recuerdo que en mi añorado terruño cienfueguero, pude incorporarme de niño a la práctica de los deportes gracias a las facilidades creadas por la Revolución, que convirtió la actividad del músculo en un derecho del pueblo. 

En muchísimas ocasiones aprecié por las trasmisiones televisivas las imágenes del jefe de la Revolución hablando de deportes, asistiendo al estadio Latinoamericano, al coliseo de la Ciudad Deportiva capitalina, recibiendo a delegaciones, intercambiando con deportistas e interesándose permanentemente por la recreación sana y la salud de la población. 

Aunque soñaba con llegar a la selección nacional de atletismo no imaginaba en aquellos años de mi vida, en la Escuela de Iniciación Deportiva, que tendría la oportunidad excepcional de estar cerca de él en reiterados momentos, así como valorar sus virtudes humanas al preocuparse por múltiples detalles de nosotros como el entrenamiento, la familia, los hijos, etc. 

Hoy, cuando ya soy un atleta retirado y me dedico a la formación de nuevas generaciones, pienso en el significado de los pensamientos de Fidel, en su trascendental alegato de “La Historia me Absolverá”, donde plasmó con optimismo y confianza ante sus acérrimos enemigos de la tiranía batistiana, su ideario inspirado en las máximas del Apóstol, autor intelectual como lo calificó él mismo, del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. 

Gracias a Fidel, a su interpretación de la realidad cubana en aquel entonces, a su ejemplo, a su estirpe de gladiador, a su visión, a su dedicación, a su poder de aglutinar a las masas y a su estrategia incondicional por los humildes, para los humildes y con los humildes, se desarrolló la lucha guerrillera a partir del 2 de diciembre de 1956, luego de los años duros en la cárcel del mal denominado Presidio Modelo en la otrora Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, y de la expedición en el yate Granma, que culminó con la victoria definitiva el Primero de Enero de 1959, año en que comenzaba una nueva era para el pueblo cubano. 

Fidel constituye leyenda aglutinadora de voluntades con la disposición de luchar por causas justas, inspiradora de sueños para pueblos de distintas latitudes, erigida por derecho propio portavoz de los sentimientos de las capas y clases sociales humildes en Cuba y muchas partes del mundo. (Silvio Leonard Sarría)

Su prédica ha ido acompañada del ejemplo personal, siendo el primero en el sacrificio, la entrega y en la lucha, con una visión extraordinaria en aras de lograr conquistas en manifestaciones del quehacer como la educación, la salud, la ciencia, los deportes, la técnica, las innovaciones, la cultura, la industrialización, la soberanía, la paz, la independencia, la libertad, la solidaridad y el internacionalismo. 

El evangelio de Fidel ha tenido como centro al hombre y la mujer, a niñas y niños, jóvenes y adolescentes, adultos y personas de la tercera edad, a limitados de locomoción, la vista y la audición; a la naturaleza y el medio ambiente, y al acontecer de sociedades en Asia, África, Europa, América y el Caribe. 

Por todo lo anterior es sin lugar a dudas nuestro indiscutible líder, a quien en estas horas de tristeza por la partida hacia otra dimensión universal, le digo gracias Comandante en Jefe por darme la luz de la esperanza a mis ocho años de edad, con el triunfo de la Revolución en 1959. 

Gracias por posibilitarme, siendo un niño pobre de Encrucijada, tierra villareña de los Santamaría (Abel, Haydée, Aldo…) y Jesús Menéndez, poder estudiar y hacer deporte para terminar una carrera en la Universidad de La Habana, así como otra de Cultura Física, y representar al país en eventos centroamericanos y del caribe, panamericanos, olímpicos, eliminatorias mundialistas y topes solidarios en Vietnam, Angola, Etiopía, Yemen, Argelia, Sierra Leona, Mali, Guinea, Zambia, Mozambique y el Chile de Salvador Allende. Hasta siempre, Comandante en Jefe. (José Francisco Reinoso Zayas) 

Fidel es, desde mi modesta manera de apreciarlo, que no define ni mucho menos la talla real, el método viviente, creacional y derivacional de la experiencia histórica; de pensamiento alternativo universal, de obligatoria consulta para los que aspiren a acercarse a los acontecimientos más importantes del mundo. 

Tiene la capacidad matemática desde el punto de vista del examen político para hallar las variables que conforman la ecuación y determinan el resultado de las soluciones posibles de este mundo en que vivimos. 

Es también un natural y eminente político, quien supo encontrar respuestas tácticas y estratégicas a la inusitada década de los 90 en el siglo XX, con la caída del campo socialista, situación nunca vivida en la historia de la humanidad. 

Del compañero Fidel puedo expresar que tuve el privilegio y el alto honor de recibir de sus manos un trofeo de reconocimiento y estímulo a los resultados alcanzados como pionero del deporte para personas con discapacidad; es la más importante medalla a la que puede aspirar cualquier deportista cubano, pues supera el más alto sitial del olimpismo. 

Considero que como no es fácil lograr un campeón, resultará mucho más difícil que nazca una figura tan brillante como comandante y líder de la revolución cubana. (Jorge Jay Massó)

Fidel, el máximo líder de la Revolución Cubana, como ningún otro jefe de estado a nivel mundial, ha significado figura inspiradora del movimiento deportivo en un país pequeño, en desarrollo, amante del deporte y la actividad física. 

Los deportistas cubanos somos dichosos por haber contado durante nuestra trayectoria en calidad de activos o retirados con el ejemplo, la inspiración y el liderazgo de quien tuvo la visión de que el deporte podría convertir a Cuba en una potencia mundial y concibió el valor social del mismo, no solo por las conquistas de medallas, sino como actividad que posibilita la salud física y mental, calidad de vida, socialización y el orgullo para todo el pueblo seguidor de sus representantes. 

Tuve la oportunidad de saludarle en tres oportunidades, la primera en el parqueo de la Ciudad Deportiva capitalina al regreso de los VII Juegos Panamericanos de México 1975, donde logré medalla de bronce en dobles, actuación entonces sin precedentes para nuestro tenis, un deporte elitista antes del triunfo de la Revolución. 

Fue una vivencia extraordinaria. Años después participé en los XI Juegos Panamericanos de La Habana 1991 (medalla de plata en frontenis), certamen continental liderado por Cuba en la clasificación general, delante de Estados Unidos, y en los XXV Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 (medalla de bronce en frontenis, como exhibición). 

Tanto en 1975 como en 1991 la delegación fue recibida por Fidel e invitada a la tribuna en la Plaza de la Revolución. También tuvimos intercambios con la población y las organizaciones de masas, en mi caso en La Habana y en Cienfuegos, donde también fuimos invitados a la tribuna. (Martha Domínguez González)

Figura central de la Revolución; revolucionario cabal que transformó la realidad cubana; con él se dio participación a toda la población en las diferentes esferas del quehacer social; en el deporte es el máximo impulsor de cambios favorables a la participación de todas y todos, por lo que esa noble actividad se convirtió en derecho del pueblo.

Tuve el privilegio de hablar personalmente con él en distintos momentos, como durante su presencia en el estadio Latinoamericano observando los juegos de las series nacionales o jugando con nosotros después los partidos oficiales. Sabemos que en su juventud fue un buen deportista, destacándose en el béisbol y la natación. 

Ha demostrado que llevó el deporte en sus venas, como la preocupación permanente por mejorar la vida de los atletas. 

Al tanto siempre de los resultados en competencias internacionales, enviaba mensajes de estímulo a nuestro equipo, erigiéndose así como el padre de todos los deportistas. (Pedro Chávez)

Fidel es el corazón de nuestro pueblo que cada día lo invoca. Es Martí, Céspedes y Maceo; el espíritu redentor de nuestras guerras de independencia; el rechazo y la batalla contra todas las injusticias sociales. 

Formado tal como si mediante su curso nuestra historia caribeña y la de nuestro sur se hubieran propuesto gestar un titán de su talla universal, Fidel es el resumen del heroico pasado centenario, y su prédica y ejemplo sostendrán el nervio y el temple de los más dignos cubanos del mañana cuando la Patria les llame. 

Hace exactamente medio siglo, cuando integraba por primera vez el equipo que defendía la bandera en la Olimpiada de La Habana, encontré sobre mi cama, en la habitación que ocupaba en el hotel Habana Libre, un estuche que representaba la casa de José Martí. 

Pude ver que se abría en paneles que contenía cada uno distintos grupos de piezas de un esbelto juego de ajedrez de tamaño olímpico tallado en fina madera cubana. 

En su interior una tarjeta con un nombre: Fidel Castro. Recibí de ese modo un presente que caló profundamente en mí como ser humano, que estimuló mi desempeño como deportista, así como después, la creación del ISLA en pos del desarrollo del ajedrez en Cuba.

Desde entonces ocupa un lugar familiar en la sala de mi casa. Y es que ese arquitecto universal del desarrollo humano que perfilara nuestro deporte como vehículo de identidad y amor patrio, también ha dedicado su atención a nuestra modesta disciplina: desde el tradicional torneo en homenaje a Capablanca, que el pasado año cumplió su 50 edición; la gran Olimpiada de La Habana, primer gran evento de carácter mundial organizado por el INDER, hasta la fundación del ISLA y los planes de masificación. (Silvino García Martínez)

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