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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
VIERNES 17
NOVIEMBRE, 2017

La Habana
Año 59 de la Revolución
“BOBBY” CARCASSÉS CUSA
«Nunca he dejado de ser atleta»
Un acercamiento al deportista que sigue viviendo en el afamado músico, grande entre los jazzistas del mundo, también actor, dibujante y pintor.
Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
jueves, 27 de diciembre de 2012 10:52 AM



Foto: Mónica Ramírez
La Habana (27 dic).- LA MAYORÍA de los mortales es dotada de algún talento, pero cuando este resulta extraordinario y llega por partida doble crece el compromiso con la vida, como deuda con esta, algo que quizás sienta Roberto “Bobby” Carcassés Cusa.
Y sepa usted que no se ha equivocado de publicación, aunque se trate del afamado músico, grande entre los jazzistas del mundo, también actor, dibujante y pintor. Solo que es menos conocida su faceta como saltador y enamorado de un atletismo al que responsabiliza con todo lo logrado.
«Nunca he dejado de ser atleta», confiesa este hombre, de los llamados pioneros del deporte rey en Cuba, durante un diálogo que le convocó a volver sobre aquellos años entre 1956 y 1958, cuando derrochaba energías en espectáculos, entrenamientos y competencias, y fue muy feliz.
Aunque motivos familiares le hicieron nacer en Kingston, la capital de Jamaica, en 1938, fue inscrito cuatro años después como ciudadano cubano en el central Villa Clara, y allí conoció las virtudes de la disciplina que le atrapó.
La sala de la casa materna, en una tranquila zona del municipio habanero de Playa, donde abundan los cuadros familiares y se escuchaba la risa del nieto, sirvió de escenario a su encuentro con JIT, solo horas después de que accediera gustoso.
¿Siempre prefirió el atletismo?
Todo comenzó en Santa Clara, allí hice mi carrera de aficionado y también me gustaba mucho el deporte, como a otros compañeros. Tenía 14 o 15 años y conocí a José Valero, un cantante-atleta que fue campeón nacional de salto alto, y también a Ramón López Fleites, quienes me vieron talento y me enseñaron la técnica en una zona de césped del Parque de la Audiencia de Santa Clara donde tenían un tanque de salto.
Luego del traslado a la capital, ¿cómo continuó la historia?
Era 1956 y vine para La Habana para hacer mi carrera artística y mantener el deporte mientras pudiera, porque llegó un momento en que la vida del show, que es muy nocturna, no conjugaba con esa actividad.
Pero me sentí con talento y compartí con algunos como Víctor Hernández, Claudio Cabrejas y Rafael Fortún, y todos me estimularon mucho. Me decían que debía entrenar de una forma metódica, porque hasta ese momento lo mío era por la libre, y no podía seguir siendo así.
Me enseñaron las carreras de impulso, la distribución de los pasos, los saltos, hacer la concatenación de cada fase.
¿Cuándo llegaron los primeros resultados?
Competí representando a la sociedad Juan Gualberto Gómez en eventos de segunda categoría a nivel nacional, incluso conservo periódicos de esa época, y gané el triple salto y el salto largo en una disputa fuerte. También fui bronce en salto alto, porque en esa época podía hacerse todo.
¿Los mejores recuerdos de entonces?
Sentir que el deporte era algo que estaba implícito en mí, porque era muy bello lo que sentía cuando lo practicaba, como era una pasión, una felicidad.
Pero finalmente tuvo que llegar la elección…
Logré mantenerme durante tres años, 56, 57 y 58, y cuando pasé a la primera categoría estaba entre los mejores, aunque no llegaba al nivel de Víctor Hernández, que saltaba 15 metros en triple, bastante para la época. Pero después comencé fijo en Tropicana y la vida se me complicó con las malas noches.
El detonante llegó con unas eliminatorias en las que me sentí fuera de forma, porque no había entrenado lo suficiente. Carecía de la potencia para seguir evolucionando, y no iba a lograrlo si no me preparaba como era necesario.
Por eso me retiré luego del dual-meet contra México, en 1958, aunque terminé con medallas de plata en largo y triple. Recuerdo que ese día me sentí muy bien y alcanzaba la tabla muy relajado en la Ciudad Deportiva.
¿Nunca más volvió a saltar?
Después de eso vino una larga gira artística por Europa y me desvinculé hasta que en el 66 hice algunas cositas, pero sin la constancia de entrenar.
Un día vi una convocatoria para un torneo centroamericano, para el que pedían 14,50 en triple salto. Yo sabía que podía hacerlo porque ya había sobrepasado antes esa marca, y comencé a prepararme en la Ciudad Deportiva, donde conocí a algunos de los que estudiaban en el Fajardo y se sorprendieron al verme.
Comenzamos a relacionarnos, les expliqué que había sido atleta y me indicaron cómo debía hacer las cosas para reacondicionar los músculos, y me actualizaron con las técnicas más modernas.
Como anécdota recuerdo que en esos días hicieron una competencia de salto alto bajo techo en la Mariposa del Fajardo y me invitaron. Puse en práctica lo que me habían enseñado sobre un buen calentamiento y reposar 10 o 15 minutos para que hiciera efecto, y gané con 1,70 metros.
Me siento muy orgullos de aquello, aunque no fuera para seguir en activo porque realmente no podía, no me era fácil.
¿Qué legado le dejó el deporte?
El atletismo es algo muy profundo en mí. Nunca he dejado de ser atleta. Tuve que dejarlo por la música, pero me ayudó mucho físicamente para bailar y cantar a la vez, lo que requiere un entrenamiento muy fuerte. Siempre voy saltando mentalmente por la calle, porque no he perdido esa costumbre, y tengo al Noticiero Nacional Deportivo como algo obligado. A las seis en punto estoy siempre frente al televisor, como un ritual previo a la meditación que hago a las seis y media.
Veo el deporte y veo la pasión de quien lo practica, porque uno se transforma cuando es atleta. Imagina a Javier Sotomayor, a quien ves hablando así, tan pausado, tan flemático, y de pronto se convertía en una fiera…
Tengo ya 74 años y mi manera de enfrentar la vida es gracias a lo aprendido en el deporte.
¿Es muy diferente del arte?
El rigor es el mismo y necesitan similar pasión, el convertirse en obsesión para quienes lo practican.
Creo en fenómenos espirituales y lo primero que puedo decir es que el arte es como un árbol de muchas ramas, todas relacionadas, y que el deporte forma parte de ese árbol.
¿Hubiera llegado más lejos en el deporte que en el arte?
Creo que hubiera logrado marcas respetables, pues me retiré a los 20 años y estaba entre los mejores de Cuba. Hubiera llegado lejos porque tenía el talento, que es fundamental, como también sucede para el arte.
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