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MARTES 17
AGOSTO, 2021

La Habana
Año 63 de la Revolución
Tuchel, Chelsea... Del descarte a la gloria en Champions

La noche fue perfecta para corroborar el viejo adagio de que la vida da revanchas, y el fútbol también.


Por Raúl Hernández Lima
sábado, 29 de mayo de 2021 08:38 PM



Foto: AP

HACE cuatro meses, Tomas Tuchel era un descarte y hoy es campeón de Europa. Probablemente si la apuesta por Lampard en el banquillo del Chelsea no sale mal, al punto de abortar la operación hace 120 días, el alemán estuviera tocando puertas en busca de trabajo, pero el fútbol tiene esos trances místicos que premian y enamoran.

Injusto culpar a la suerte del éxito, aun cuando el equipo londinense acaba de ganar su segunda Champions de la historia, ambas con técnicos sustitutos. Tuchel no la tuvo fácil para reinar. Antes dejó en el camino al Atlético del Cholo y al Madrid de Zidane.

El partido de hoy no fue una escaramuza cualquiera. En frente tenía al City de Guardiola, campeón de la Premier. El catalán, en un ataque de entrenador, puso la cinta de capitán en el brazo de Sterling, quien había perdido la confianza y la continuidad, y la apuesta le salió chueca.

No obstante, se jugó en la cancha de los azules, tal como esperaban en ambos banquillos y allí Tuchel tenía un mejor plan que Pep. Kanté volvió a ser el campeón del mundo, y de casi todo, un día se sabrá que tiene tres pulmones o no será posible entender como corre por toda la cancha mordiendo la pierna de los rivales, escapando de los trances más complejos como un zorro escurridizo e incorporando otra pieza al ataque cada vez que se pueda. Y casi siempre puede.

Con el siete como mariscal de campo, los Blues juntaron a Havertz con Werner para aprovechar todo del espacio detrás de Foden, quien jamás encontró sobriedad ni sociego. A Mount, el tercer mosquetero del técnico alemán, le tocó bailar con Walker, la más fea del baile y un cerco difícil de saltar en el carril derecho de los citizens.

La fórmula destilaba un partido con muchas piernas en la media cancha y poca pólvora por los de Manchester en el área, más bien pocas piezas dada la determinación de Guardiola de prescindir de un nueve. De Bruyne, totalmente aislado por la formación de su técnico, apenas tuvo una ocasión de peligro en toda la primera parte.

El Chelsea, dedicado a esperar y destruir, generó pánico en la defensa rival con la velocidad de la pareja de alemanes Werner-Havertz, pero el primero andaba con las botas trocadas y desperdició tres ocasiones claras de poner en ventaja a los suyos.

Fue Havertz, sin embargo, quien se encargó de poner el balón dentro de las redes justo antes de llegar al descanso. Fue el más austero de los lujos. Apenas cinco toques desde que el arquero Mendy botó la pelota de su área y Mount, en una de las pocas libertades encontradas en todo el choque, la cruzó de fantasía para dejar a Kai solo frente a Ederson.

El jovencito de 21 años de edad recortó con sangre fría al arquero rival y anotó el primer gol después de 12 partidos en la competición europea. Quizá así comienza a justificar porqué, en la pretemporada, una docena de clubes se peleaban por su fútbol. Aparecer en las grandes noches es una manera de hacerlo.

Con el marcador cuesta arriba Guardiola metió leña al fuego, aprovechó un golpe en la cara a De Bruyne y lo cambió por Gabriel de Jesús cuando su equipo tiraba centros estériles al área sin encontrar rematador.

El Chelsea se dedicó a lo que sabe: parqueó el autobús frente al arco, uno grande que tuvo en Azpilicueta un chofer de lujo. Soberbio estuvo el español y así lo demandaban los suyos desde la lesión de Thiago Silva que le obligó a dejar la cancha apenas comenzado el juego.

Para preocupar más al rival, Tuchel metió frescura en los músculos de Pulicic, quien tuvo el 2-0 en sus zapatos, pero el remate se marchó fuera de los palos.

Los 30 minutos finales fueron de asedio al arco defendido por Mendy, pero la prolijidad no dio paso a la contundencia. Los londinenses, con más empuje que criterio, se defendían con solidez y amenazaban con alguna cabalgata lanzada siempre por el mismo: el incombustible Ngolo Kante.

De la misma forma transcurrieron los siete minutos del descuento hasta el pitazo de Mateu Lahoz, acertado todo el encuentro, que permitió a Tomas ganar su primera Champions en su segunda final consecutiva. La noche fue perfecta para corroborar el viejo adagio de que la vida da revanchas, y el fútbol también.

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