HORA DE CUBA: 12:13 PM

Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
VIERNES 17
NOVIEMBRE, 2017

La Habana
Año 59 de la Revolución
Idalberto de Jesús Molina Hernández
“Diálogo en presente”

Premiado con el sello de veteranos de la IAAF, la Orden al Mérito y la exaltación al Salón de la Fama de la CACAC, será siempre un referente capaz de seguir tributando desde su legado.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
miércoles, 08 de noviembre de 2017

Trayectoria...

Comisionado nacional de atletismo desde 1980 hasta 1997. 

En la actualidad...

Fallecido.


ESTE pudo ser su último diálogo extendido con la prensa. La muerte insistió en llevárselo demasiado pronto, cuando aún tenía mucho que aportar desde su condición de Secretario General de la Federación Cubana de atletismo.

Imposible hablar del deporte rey en la isla sin mencionar a Idalberto de Jesús Molina Hernández, o “Moli”, como le decían sus amigos más cercanos. Esos mismos que ahora lamentan la ausencia física que impide consultar sus experiencias, o que se reúnen a compartir un “trago” mientras suenan aquellos boleros que tanto le gustaban al profesor.

Molina falleció a finales del 2016, pero su legado es indiscutible. Siendo apenas un jovencito abrazó el deporte y derrochó “ojo clínico” como directivo.

El atletismo le tuvo como comisionado nacional desde 1980 hasta 1997 y como artífice de numerosos proyectos dentro y fuera de Cuba.

Ejerció el mando con mano dura, pero sin perder su humanismo. Por eso muchos le quisieron como un padre al que agradecen formación integral y sus mejores momentos como atletas.

Disfrutó con triunfos como los de Alberto Juantorena, María Caridad Colón, Javier Sotomayor e Iván Pedroso. Sufrió mano a mano el accidente de Ana Fidelia Quirot y confió en su recuperación, convencido de la fortaleza de esa mujer.

Imposible dejar en pocas líneas más de dos horas de conversación repletas de anécdotas, así como su visión sobre una disciplina carente hoy en nuestro país del esplendor deseado.

Premiado con el sello de veteranos de la IAAF, la Orden al Mérito y la exaltación al Salón de la Fama de la CACAC, Molina será siempre un referente capaz de seguir tributando desde su legado, ese al que JIT rinde ahora modesto homenaje póstumo.

¿Por qué la vinculación al atletismo?

Me gradué en el instituto Manuel Fajardo a finales de 1967 y me quedé trabajando como profesor de ese deporte, aunque pertenecía a la cátedra desde antes como instructor no titulado.

En mayo del 68, el presidente del INDER José Llanusa solicitó un grupo de jóvenes para ocupar responsabilidades en las comisiones nacionales y comencé a trabajar en la de atletismo. Asumí la dirección técnica en un colectivo bastante débil en cuanto a personal; tenía al médico Richard Pérez como comisionado y director de la ESPA Nacional, pero se hicieron cosas interesantes para el futuro.

¿Como cuáles?

Recuerdo una evaluación de la fuerza técnica existente en el país para ubicar el nivel con que contábamos, así como el fortalecimiento de las áreas del equipo nacional y las provincias con graduados del Fajardo. También se elaboró un plan unificado de entrenamiento, algo que luego se generalizó para todos los deportes, inicio de lo que es hoy el Programa de Preparación del Deportista.

Otra acción técnica puesta en vigor fue la enseñanza del atletismo en edades tempranas a través de los eventos múltiples, algo que se implantó hasta los 13 años de forma obligatoria, para evitar la especialización adelantada.

¿El primer gran reto que recuerda?

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá 1970. Tuvimos un año para preparar el deporte y se crearon las condiciones posibles, dígase colectivos técnicos, la asignación de un carácter más científico al trabajo... Y los resultados fueron buenos.

Sin embargo, luego sale del atletismo por un tiempo. ¿Qué pasó?

Cuando terminó la preparación para ese evento tuve algunas discrepancias con parte de la dirección del INDER y decidí irme. Tenía 20 años y no las pensaba mucho. Fui a dar hasta Camagüey. Todas esas cosas al final me vinieron bien, porque trabajar en provincias te da una visión increíble del deporte, de cómo hacer las cosas desde la base.

Regresa como comisionado y sumó muchos años. ¿Fue difícil?

No tanto, siempre y cuando estés rodeado de compañeros entusiastas, trabajadores... Cuando el trabajo no se vuelva monótono, sino que todos los días haya interés por renovar algo y un colectivo que te compulse a estar siempre inquieto. Así es como recuerdo todos esos años. Pero además tenía otra motivación en los atletas de aquella época: fueron magníficos, con gran desinterés y una modestia tremenda, con muchos deseos de llevar a Cuba a planos superiores. Y esa fue la máxima entre los que trabajamos en aquella etapa, tanto a nivel nacional como en las provincias.

¿Momentos significativos?

Vivimos una gran transformación con la caída del campo socialista y en mi opinión logramos transitar por esa etapa sin mucho trauma. Dimos pasos importantes como las relaciones con el club español Larios, que en su momento pareció un poco escandalosa, pero rindió frutos.

Fuimos aprendiendo en el camino el tema de los contratos, a no “regalar” el talento de nuestros atletas, y las giras comenzaron a generar aportes económicos, con años de hasta medio millón de dólares. Estar afiliados al club también nos facilitó que fuera responsable del vestuario de los muchachos, de la estancia en Europa y los medicamentos, y mientras, nosotros contribuíamos con financiamiento para el deporte cubano.

¿Técnicamente?

Ayudaba mucho en los órdenes competitivo y físico. En 1992 se vieron los beneficios, pues resultó la mejor actuación olímpica del atletismo cubano. Creo que estábamos preparados para lo que iba a llegar en el mundo. Nos ayudó a un cambio no tan traumático y a insertarnos sin ceder principios.

Ahora el panorama no es el mismo. ¿Qué falta?

No es solo un tema económico. Desgraciadamente el atletismo ha tenido mucha inestabilidad en los cuadros de dirección en los últimos 15 años, y eso en mi opinión ha traído problemas de líneas de trabajo.

Otro parámetro que se ha debilitado es la disciplina técnica, teniendo en cuenta que se trata de un deporte multidisciplinario, porque cada área pudiera considerarse un deporte independiente, y eso requiere de una dirección técnica fuerte.

¿Alguna precisión al respecto?

Otra cosa que se perdió, pese a que lo introdujimos en los años 60 y se reafirmó luego en los 80, fueron los colectivos técnicos de áreas, inicialmente para aprovechar a los entrenadores extranjeros. La inteligencia colectiva evita que te equivoques y propicia superación.

Se ha ido individualizando mucho la labor y no creo que eso sea bueno. Incluso, entre los propios atletas se ha perdido el trabajo conjunto. Eso hay que promoverlo, no puede dejarse a la espontaneidad porque el ser humano tiende a ser individualista por naturaleza. Para mí se han creado malos hábitos.

¿Recuerda como un mal momento su destitución como comisionado?

Fue muy desagradable, porque me encontraba en plenitud de facultades y respaldado por resultados. Hubo un momento muy difícil, los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, para los que nos preparamos con entusiasmo y tremenda seriedad; seleccionamos a quienes entendíamos merecedores de asistir, pero me acusaron de que eran muchos, aunque todos habían hecho marcas y su presencia era asumida por el comité organizador, incluidos jóvenes talentos con futuro.

Emilio Valle logró récord nacional en vallas, Norberto Téllez en los 800 y no fue medallista. Ah, pero estuvimos fatal con varias figuras y se produjo la lesión de Iván Pedroso.

Un año después la calidad quedó demostrada en los mundiales bajo techo y al aire libre...

Así fue. En 1997 quedamos terceros por países en Atenas (aire libre/4 oros-1 plata-1 bronce) y segundos en París (bajo techo/3 oros-2 platas). Fue un grupo similar al que llevamos a Atlanta, así que no estábamos tan equivocados entonces.

Algunos le consideran un “boca dura”...

A veces caes mal cuando dices lo que la gente no quiere escuchar, pero yo no puedo ser hipócrita. No me arrepiento de haber sido así, de lo contrario hubiera tenido que permitir determinadas cosas y esa no es mi manera. Además, siempre me sentí útil, que podía aportar desde el lugar donde estuviera, y eso me ayudó a enfrentar cualquier tarea, aunque el atletismo ha sido mi vida.

¿Qué atleta le ha impresionado más?

Cada uno tuvo sus características... Ana Fidelia me impactó mucho con lo que fue capaz de hacer. Viví todo el proceso del accidente, la entereza con que enfrentó la recuperación. La vi entrenando dentro del hospital, subiendo y bajando escaleras, y me dije: «Esta mujer es increíble». Siento por ella gran admiración, respeto y cariño.

“Soto” es otro muchacho sencillo, quien nunca ostentó de ser campeón y también hizo proezas; y con Juantorena he compartido muchos momentos, algunos felices y otros difíciles como sus lesiones. Fue otro atleta que ganó mis simpatías y reconocimiento.

Le propongo definiciones rápidas…

Valiente: Iván Pedroso.

Competitivo: “Soto” lo era, no le gustaba perder… a Juantorena tampoco, y era un problema cuando sucedía.

Talentoso: “Soto” es de los mayores talentos que he visto en el mundo.

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