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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
VIERNES 16
NOVIEMBRE, 2018

La Habana
Año 60 de la Revolución
Olisdeilys Menéndez Sáez
«Lo más difícil es entregarse día a día»

Esta matancera de 37 años reconoció con humildad errores cometidos y sobre todo habló con soltura sobre la pasión que hizo suya para toda la vida.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
lunes, 19 de diciembre de 2016

Trayectoria...

Campeona y recordista en Atenas 2004 con 71,53 metros. Plusmarquista mundial en 2001 (71,54 metros) y 2005 (71,70). Doble reina en citas juveniles del orbe y entre mayores, también en Juegos Panamericanos.

En la actualidad...

Entrenadora de niños en su natal Martí, en Matanzas. 


CASI DOS años de intentos infructuosos por contactarla... Números de teléfono incorrectos, recados que se perdieron en el camino... Así se fraguó la historia de este diálogo con Olisdeilys Menéndez, una de las grandes estrellas del deporte cubano.

Jabalinista campeona y recordista olímpica en Atenas 2004 y bronceada en Sydney 2000, doble titular universal entre mayores y juveniles, dueña de supremacías del orbe en 2001 (71,54 metros) y 2005 (71,70)... Palmarés de lujo que justifica cualquier esfuerzo por entrevistarle.

La oportunidad llegó durante el seminario para mujeres líderes del atletismo Norte, centroamericano y del Caribe organizado en Varadero, y resultó un encuentro interesante pese a la premura impuesta por la dinámica del evento.

Esta matancera de 37 años cumplidos hace poco (14 de noviembre) aclaró por qué se hizo famosa como Osleidys, aunque no es ese su nombre correcto, reconoció con humildad errores cometidos y sobre todo habló con soltura sobre la pasión que hizo suya para toda la vida.

Varios kilos más que en su época de esplendor competitivo parecen acrecentar casi 1,80 metros de estura, pero sigue siendo poco expresiva, se declara disciplinada y deseosa de aportar a la formación de jóvenes atletas.

Fiel a su voluntad de conversar con franqueza no evitó comenzar por un tema difícil.

¿Por qué tu alejamiento tras salir del equipo nacional?

Tuve muchos conflictos que me perjudicaron por momentos, pero soy de la teoría de que todos nos equivocamos y tenemos derecho a rectificar, que las personas siempre merecen oportunidades para que recapaciten. Y eso es lo que busco ahora, que me llamen cuando me necesiten, porque estoy dispuesta a seguir adelante y aportando.

¿En qué estás trabajando?

Lo hago con niños de 10-11 años en el mismo municipio Martí donde nací. No es lo que me gusta realmente, porque tengo que pasar por todas las especialidades y quisiera ir más directo a la jabalina, donde creo que sería mejor. Cuando todavía era atleta a veces atendía a mis compañeras, y se me daba bien, creo que me entienden cuando explico algo, y si me dan una oportunidad podría enfrentar ese reto.

¿Siempre supiste que la jabalina sería tu especialidad?

De pequeñas tenemos que hacer varias cosas, o sea saltamos, corremos... pero para mí el plato fuerte siempre fue el lanzamiento de la pelota. Me gustaba correr, pero no distancias muy largas, no más de 100 metros, y también disfrutaba mucho saltar y pasar vallas. Era alta, flaquita, no como ahora que tengo varias libras de más. La jabalina me atrapó y como lo hacía bien nunca quise intentar otra cosa. Aunque a veces en los entrenamientos nos poníamos a competir en bala y disco, la jabalina fue el centro de todo.

Antes de entrar en otros detalles, expliquemos lo del nombre...

Mi nombre oficial es Olisdeilys, pero aparecí como Osleidys en las inscripciones de muchos eventos y el error fue convirtiéndose en habitual. Recuerdo que en la Olimpiada de Beijing hicieron la rectificación cuando revisaron el pasaporte, y desde entonces comenzó a utilizarse bien en los documentos de la IAAF, pero para todo el mundo sigo siendo Osleidys.

¿Cómo te trazaste las metas, siempre con la vista en el cetro olímpico? 

Al principio todos tenemos ese sueño, pero después lo vas adecuando a las diferentes etapas, así que primero me propuse llegar a la EIDE, luego a la ESPA, y poco a poco aspiré a más, según los resultados me permitieron creérmelo, pero en el fondo no se piensa en eso de ser campeona olímpica.

¿Cuál recuerdas como tu primer gran momento?

Sin dudas cuando gané el segundo título mundial juvenil en 1998, fue como estar en el cielo, creo que hasta soñé con Dios. Había ganado también dos años antes, pero eran mis comienzos y todavía no lo asimilaba en toda su magnitud. En Annecy se me dio todo mucho mejor, clasifiqué con un lanzamiento muy grande y me dije “¿Podré hacerlo en la final?”, pero todo me salió luego y fue un sueño.

¿Cómo evitaste “creerte cosas”?

Me propuse que luego de eso tenía que seguir, porque aunque había trabajado muy duro todavía era juvenil y faltaba mucho por hacer porque entonces ya soñaba con ser como María Caridad Colón, campeona olímpica, y tirar 70 metros.

Sin embargo tu primera experiencia de ese tipo, en Sydney 2000, te dejó bronce...

No me sentí conforme. Había estado mucho tiempo en Europa preparándome y tenía grandes deseos de regresar, porque extrañaba... Y mi competencia era el último día, veía como todos se iban y no me pude concentrar bien, no dormía adecuadamente... El resultado hubiese sido mejor si mis pensamientos hubieran estado más centrados en la competencia, pero me faltó confianza, me sentí algo insegura. Era mi primera olimpiada y solo tenía 19 años...

El 2003 fue un año pésimo, sin el oro panamericano que todos esperaban ni grandes marcas. ¿Qué sucedió?

La jabalina apenas pasó de los 63 metros, y al llegar a los Juegos Panamericanos tenía las rodillas lastimadas. Calentando di un tropezón y se acrecentó la molestia, aunque me mantuve callada porque tenía que ir a competir... Pero las cosas no salieron bien, desafortunadamente ni para mí ni para mi compañera, y me dolió mucho porque todo el mundo contaba con nosotras para el oro y la plata. Por eso no pude contener las lágrimas cuando Julita me preguntó, porque no sabía qué decir, no tenía una explicación para dar, ni yo misma sabía qué me había pasado, por qué la jabalina no caminó... Son cosas que pasan en el deporte.

Pero el 27 de agosto del 2004 hubo desquite de oro en Atenas...

Esa temporada fue mejor. La lesión estaba, pero controlada, tenía un buen equipo de médico y fisioterapeuta que conjuntamente con el entrenador y el sicólogo trabajaron bien e hicieron su parte, todos como tremendo apoyo a ese resultado.

A propósito de entrenadores, ¿cuánto te sientes en deuda con cada uno de los que pasaron por tu vida deportiva?

Desde que me inicié en el quinto grado los tuve que cumplieron un papel importante en mi vida. En Martí, Pedro Menéndez del Río, luego en la EIDE Vladimir Hernández, en la ESPA provincial Noel Serrate, y en La Habana Dionisio Quintana.

Llegué en 1994 siendo juvenil y desde entonces trabajé con él. Luego siguió conmigo para el equipo nacional, así que prácticamente casi todos mis resultados se los debo a Dionisio, aunque desde la base me formaron en lo que se necesitaba para avanzar, saber sacrificarse, centrarme en lo deseado y procurar el entusiasmo imprescindible para el resultado.

En el 2001 implantas récord mundial de 71,54 metros, que superas en el 2005 con 71,70. ¿De qué manera te quedó eso en la memoria?

Cuando logré el primero me temblaron tanto los pies que no pude ni caminar. Era tanta la emoción de haber sobrepasado los 70 metros que no sabía qué hacer... El otro fue menos sorpresivo, y tal vez por eso lo asumí de una manera diferente, aunque sin dejar de disfrutarlo.

¿Y cuando te lo rompieron con 71,99 en septiembre del 2011?

No estaba presente, y creo que me afligí un poco, pero es algo que tienes que aceptar. Todavía me queda el olímpico, de 71,53, y como es cada cuatro años creo que puede durar un poco más, mientras disfruto que mi nombre aún aparece ahí.

¿Es difícil ser atleta?

Lo más duro es entregarse día a día, el sacrificio que tenemos que hacer… Es entrenar, estudiar, tener disciplina… Sí, ser atleta es complejo.

¿Cuánto “choca” aceptar el retiro luego de tanta gloria?

Es muy doloroso, incómodo, tanto que nos ponemos bravos porque no queremos entender que nos toca. Es un momento de shock, porque uno cree que aún puede, y es cuando más necesitas el consejo de las personas que están a tu lado, que alguien te diga que se acabó tu vida deportiva pero puedes seguir vinculada, aportando desde otro espacio, de otra manera, haciendo otras cosas.

Yo estuve muy mal, incluso traté de volver sin estar en el equipo nacional como matrícula, desde afuera, pero entonces me senté y reflexioné sobre las lesiones, sobre el hecho de que ya no rendía igual, y dije “Ya es tiempo de no insistir”.

Fuiste continuadora de un camino que abrió María Caridad Colón, ¿qué sientes por eso?

Orgullo. Siempre la he visto como referencia, porque fue la primera que llegó como nuestro espejo, nuestra luz. Ella será siempre la persona por la que me guié y creo que en parte tuve mis resultados gracias a ella, pues siempre me apoyó mucho, iba al estadio, me daba mucha fuerza, me decía “Voy a competir contigo”, y estuvo muy involucrada en mi vida deportiva.

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