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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
DOMINGO 22
ABRIL, 2018

La Habana
Año 60 de la Revolución
Alberto Juantorena Danger
«Me siento muy satisfecho cuando pienso en el deporte»

Su reciente elección como vicepresidente de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) y la próxima celebración de los 110 años de ese deporte en una isla donde es todo un ídolo, desbordan los motivos para convocarle.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
miércoles, 28 de octubre de 2015

Trayectoria...

Campeón olímpico de Montreal 1976 en 400 y 800 metros planos, una hazaña no lograda por otro corredor en la historia. Dos veces recordista del orbe en 800.

En la actualidad...

Vicepresidente de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, presidente de la Federación Cubana de atletismo y del Comité Paralímpico nacional.


NUNCA harán falta muchas justificaciones para acercarse periodísticamente a Alberto Juantorena Danger. Su condición de bicampeón olímpico, doble plusmarquista del orbe y varias veces recordista nacional serían suficientes.

Pero su reciente elección como vicepresidente de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) y la próxima celebración de los 110 años de ese deporte en una isla donde es todo un ídolo, desbordan los motivos para convocarle.

A poco de cumplir los 65 años Alberto no ha perdido la vitalidad juvenil. Sus 1,90 metros de estatura siguen impresionando y aunque el paso del tiempo ya le privó de la abundante cabellera con que se distinguía sobre los escenarios, mantiene una figura que no pasa inadvertida.

Es un entrevistado difícil, a veces hasta “manipulardor”, porque quizás sin proponérselo intenta llevar el rumbo del diálogo y contar casi sin dar paso a las preguntas, pero lo compensa con su trato especial y la locuacidad con que narra.

Asegura que Fidel Castro y Hugo Chávez dejaron huellas en su vida, habla con cariño del entrenador polaco Zigmunt Zabierzowki, quien fraguó su estrellato, y cuida celosamente la colección de fotos, medallas y otros premios que atesora en la sala de la casa donde también aparece su imagen recreada al óleo por Servando Cabrera en 1977.

Los Juegos Olímpicos de Montreal le encumbraron con inédito doblete dorado en 400 y 800 metros planos que hizo famosas las zancadas desde hasta 2,79 metros con que parecía “flotar”.

Santiaguero, merecidamente llamado “El elegante de las pistas” y padre de siete hijos, fue vicepresidente del INDER durante 28 años, encabeza la Federación Cubana de Atletismo y es también titular del Comité Paralímpico nacional.

Tanta historia es imposible resumirla en pocas líneas, así que JIT prefirió acercarse más a ciertos detalles históricos y lo mucho de humano que alumbra su estrella.

El baloncesto parecía tu vida, pero las circunstancias te cambiaron el rumbo. ¿Fue decepcionante?

Desde niño era tremendamente activo, hacía los mandados corriendo de un lado para otro y quería jugar baloncesto, así que logré venir para La Habana en el curso 70-71 como matrícula de la ESPA nacional, pero un día me comunicaron que era baja y me sentí muy frustrado. Recuerdo que hablé con el “Gallego” Pérez y Mayito, que eran los entrenadores, y me dijeron que no tenía ninguna posibilidad allí, que estaba muy mayor con 20 años, y creo que tenían cierta razón.

¿Cómo te llegó el atletismo?

Hice una prueba en el cinódromo con el mismo calzado que usaba para el baloncesto y marqué 50.06 segundos en 400 metros, observado por Eneas Muñoz, Cheo Salazar y Jorge Cumberbatch. Después el propio Cumberbatch me llevó a la universidad y el polaco Zigmunt Zabierzowki me vio, me levantó la camiseta y me tocó la cadera y dijo: «Este niño tiene talento, muy largas piernas», aunque no me había visto correr. Me pidió que lo hiciera allí mismo y le encantó la zancada, y así ingreso a la preselección a finales de 1971.

Y en el 72 ya asistes a los Juegos Olímpicos de Múnich...

En la primera carrera para conformar el equipo le gané a todo el mundo con 47 segundos y fracción, y la gente se preguntaba de dónde había salido este “jabao” con tanto tamaño. Me dio tremenda alegría, y ese mismo año rompí el récord nacional, que era de 46.6 de Antonio Álvarez. Hice 45.9 en la gira por Europa y así llegué a Munich´72, donde fui semifinalista, un resultado que me valió para que me eligieran novato del año.

O sea, que he sido de los pocos atletas casi iniciados en una Olimpiada, pero desde que llegué supe que podía ser grande y lo tuve siempre muy presente.

¿Y la técnica? ¿No te fue difícil con más de 20 años?

El baloncesto me dio la base, porque tuve un preparador físico muy bueno en Mario Soler. Y mi estilo de correr era algo natural, apoyado en la base morfológica que tengo, mi altura y el largo de las piernas, que constituye buena parte de mi estatura. Con eso se nace, lo que se pule, se trabaja para mejorarlo, y esa habilidad la tenía el polaco.

Ya en Montreal fue otra la historia...

Que comenzó mucho antes, porque me operaron unos neuromas que se me repitieron a finales de 1974, y el propio profesor Álvarez Cambra tuvo que intervenirme nuevamente de uno interdigital y otro plantar, por lo que llegué con mucho déficit a los panamericanos del 75 y fui segundo con 44.80 detrás de Ronald Ray. Sin embargo, allí preparé las bases para Montreal, porque eso me dejó muy frustrado y yo era tremendamente agresivo conmigo mismo, me regañaba, analizaba con mucho sentido crítico.

¿Cómo recibiste la propuesta de asumir dos eventos?

Me negué, dije «No», porque el calendario obligaba a empezar por los 800 metros y yo era un corredor nato de 400, así que  cuando me lo dijeron di un brinco como el récord del “Soto”.

Pero terminaste por aceptar...

Empezaron a convencerme durante una estancia en México, y me demostraron que podía luego de que corrí los 800 en Formia, Italia, en mayo del 76. Me pidieron hacer de liebre en busca de que Leandro Civil y Luis Medina hicieran un tiempo determinado, y marqué 1:45.36 minutos, pasando en 50 segundos por los 400, porque realmente fui una “máquina” para responder a lo programado por los entrenadores. Entonces me di cuenta que siendo corredor de 400 era muy fácil.

Y lo aplicaste en Montreal...

Claro, por eso le “quemé” el tema de la resistencia a los corredores de 800, porque pasé muy rápido, y si ves la carrera puedes comprobar que fui uno de los pocos que se ha ido desde los 500 metros. Después vino la famosa carrera de los 400, con Fred Newhouse y Herman Frazier pensando que estaba cansado, y el polaco me dijo «Ellos van a correr más rápido porque van a hacer lo mismo que hiciste a los de 800». Cuando salimos de los 300 Newhouse estaba delante de mí pero en los metros finales se le acabó la gasolina.

¿Qué imagen guardas de esos juegos?

Todavía me genera una emoción indescriptible... Recuerdo la instalación siempre repleta, la guerra estratégica en que se convirtió la necesidad de clasificar con el menor gasto de energía posible y la peculiaridad de que el polaco nunca fue al estadio. Nos reuníamos la noche antes, acordábamos qué hacer analizando la posibilidad de clasificar tercero o cuarto según el heat, pero no iba a la competencia.

En tu caso fue de principio a fin...

Soy el único atleta que corrió desde el primero hasta el último día del atletismo, porque además de 400 y 800 estuve en el relevo 4x400.

¿Qué distancia disfrutaste más?

Los 800, porque como ya dije era corredor natural de 400 y por eso no quería correr el otro evento antes, pensando que me iba a cansar y no lograría nada. El polaco era amigo personal del yusgoslavo Arthur Takacs y del holandés Adriaan Paulen, entonces presidente de la IAAF, y les dijo: «Tengo un muchacho que puede ganar 400 y 800», y Takacs le contestó que eso era imposible, tanto que si sucedía Paulen iba a premiarme, y así fue en los 800.

¿Tuviste un ídolo que motivó tu carrera?

Enrique Figuerola. Yo vengo de un lugar muy especial en Santiago de Cuba, cerca de la escuela tecnológica en la que él estudió con un tío mío que se llama Gerardo. Era el ídolo de todos los niños de mi época, fue mi guía y es una persona excepcional como ser humano: humilde, callado, modesto, una gente brillante.

¿Fue el polaco el entrenador que más te marcó?

Era un formador, un hombre sabio, partisano en la guerra contra los nazis, coronel retirado, y me educó muchísimo. Me decía «Chico, modestia», «Campeón, modestia», «Campeón olímpico, cierra las manos», y recuerdo que un día llegué al comedor y los muchachos comenzaron a tocar con sus cucharas sobre las mesas de metal en homenaje a mí y me di cuenta que era un hombre público y que él tenía razón porque mientras más campeón más modesto, humilde y accesible hay que ser.

¿Y Fidel?

Fidel es un maestro, una gente que educa, aconseja sabiamente y te ofrece una amistad verdadera, y para mí es algo muy grande. Tengo el privilegio de ser de los atletas con que más veces compartió, y recuerdo por ejemplo que al regreso de Montreal me comentó: «Cuando yo estaba en la escuela de Belén corrí 800 metros», y como lo miré un poco dudoso me dijo: «¿Tú piensas que es mentira?», y resulta que poco después fue a la escuela donde yo estudiaba y me mostró una revista donde aparecía una foto suya ganando los 800 metros planos en el año 1946. Puedes imaginar qué cosa más bonita y excepcionalmente estimulante para mí.

¿Cuál es la verdad sobre lo sucedido previo a los récords mundiales de la Universidad de Sofía en 1977?

Esa anécdota la he hecho pocas veces. Alejandro Casañas y yo hicimos el compromiso de romper los récords mundiales y lo dejamos escrito en un papel antes de competir, luego cuando lo hice fui a verlo en la zona de calentamiento y le dije «El acuerdo está cumplido, aquí está mi medalla con tiempo de 1:43.44», y me respondió «Ahora voy a coger la mía», e hizo 13.21 en los 110 con vallas.

¿Cuál es el peor recuerdo?

El de las lesiones, que fueron muchas. Ya te comenté que en 1975 pasé por la operación de los neuromas, pero en 1979 me lastimé el talón de Aquiles y sufrí una úlcera sangrante que me dejó hecho un desastre, y en 1983 me fracturé un tobillo, así que es fácil comprender que los años impares resultaron fatales para mí, y por qué no gané unos Juegos Panamericanos siendo recordista mundial. Enfrenté muchas operaciones, y te aseguro que sin Rodrigo Álvarez Cambra yo no hubiera sido atleta. Recuerdo que me querían extirpar el metatarso y él dijo «No, ¿están locos?, él es corredor». Y también gracias a mi fisioterapeuta, por todo el que me ayudó en cada momento, porque fue un trabajo colectivo.

Alguien de tu generación te mencionó como uno de los atletas más valientes que conoció, ¿Qué opinas?

Para perder no hay que entrenar, y el sacrificio diario no puede dilapidarse en una competencia, por eso bajaba a la pista a “morirme”, para que nadie fuera mejor que yo allí, e incluso miraba “feo” a los contrarios, aunque los respetaba. Me ponía bravo, era terriblemente competitivo, “malo” compitiendo...

Háblanos de tu contacto con Hugo Chávez.

En el 2001 me envían a Venezuela para iniciar el convenio de colaboración, pero llevaba un mes y medio allí y no había podido resolver nada, así que hablé con el entonces embajador de Cuba Germán Sánchez para que me propiciara una entrevista con el presidente. Un día me llevaron a Miraflores, a un bosquecito cuya existía ignoraba y que poseía un helipuerto, y vino Chávez y me dice «Bicampeón olímpico como nosotros mismos», y me contó que ellos en el ejército corrían y mencionaban mi nombre.

Me invitó a inaugurar un partido de béisbol en Puerto Cabello y ya en el helicóptero le dije «Soy el enviado de Fidel aquí» y le enseñé el documento que él y el Comandante habían firmado sobre el convenio, y me respondió «Vamos a ponerle fecha». Así, el 9 de mayo llegaron los primeros colaboradores a Venezuela, gracias a su sensibilidad de quien fue una persona excepcional.

¿Cuán difícil fue ejercer como vicepresidente del INDER sin experiencia laboral previa?

En extremo, porque todo el que llega a vicepresidente de un organismo central transitó por las etapas inferiores y yo lo hice desde el atletismo. Pero sucedió que me di cuenta que mi figura podía contribuir a promover los valores de la cultura física y el deporte para todos, y visité todas las provincias y puedo decir que se me quedaron muy pocos municipios por recorrer. Me gusta muchísimo el contacto con la gente, porque pese a haber vivido el deporte desde las alturas comprobé, jugando softbol con mis compañeros, que la persona que da el hit ganador se emociona de la misma manera que lo hice con mis medallas, y eso me enseñó que el deporte no puede verse desde el cielo, si no desde la base. Por eso lo imprescindible de no descuidar el deporte para todos, la educación física, las competencias de base, rescatar muchas cosas que hemos ido perdiendo. Solo hay que asumir que si tenemos 78 mil profesores en la base y cada uno selecciona un talento se conforma una ecuación totalmente positiva.

¿Qué impone la actualidad para la Federación Cubana?

Es muy importante pulir detalles, porque los análisis no solo podemos basarlos en lo que está correcto, pero tras el último mundial ha habido mucho reconocimiento hacia Cuba por parte de la IAAF, identificándola como una potencia que emerge, a considerar nuevamente. En el plano de la preparación necesitamos que los entrenadores sean más exactos para que sus atletas obtengan la forma en el momento adecuado, y otra prioridad es contribuir a mejorar las condiciones de la pista, incluidas las áreas donde se preparan nuestros mejores atletas, como las carrileras para salto largo y triple, y la que utiliza Yarisley Silva para la pértiga.

No es una locura pensar que hubieras podido brillar en otro deporte ¿Cambiarías lo vivido?

Es posible que hubiera podido, pero no lo cambio, porque encontré el anillo para mi dedo en el atletismo. Me gustaba más el baloncesto porque es una diversión, un juego, y el atletismo es un tú contra tú, pero me siento muy satisfecho cuando pienso en el deporte, en las cosas que hice sin depender de otros en el momento de la competencia.

 

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