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Publicación del Instituto Nacional de
Deportes, Educación Física
y Recreación INDER
MARTES 23
ENERO, 2018

La Habana
Año 60 de la Revolución
  • Reinicia hoy la final de la 57 SNB entre Las Tunas y Granma, en Bayamo!!!!
Julio Bécquer Pino
«Si el entrenador piensa que lo sabe todo es un fracaso»

Protagonista en la formación del atletismo cubano guarda experiencias inolvidables y se siente orgulloso de lo vivido.


Por: Eyleen Ríos López
(eyleenrios@inder.cu)
martes, 07 de octubre de 2014

Trayectoria...

Fundador del INDER y las series nacionales de béisbol, fue uno de los iniciadores de la escuela cubana de triple salto y mentor de varios de sus campeones.

En la actualidad...

Actualmente acogido a la jubilación se mantiene al tanto del deporte y sus resultados.


La Habana.- ENCUMBRADA a base de esfuerzos y resultados la escuela cubana de salto goza de respeto en el mundo atlético y tiene sólidos cimientos en sus creadores.

Julio Bécquer es uno de ellos, protagonista de aquella época también prestigiada por otros excelentes profesores como José Godoy, quien sentó cátedra en la especialidad de altura.

Fundador del INDER y de las series nacionales de béisbol, este Doctor en Ciencias Pedagógicas graduado en Moscú fraguó los éxitos de hombres como Jorge Reina, Jaime Jefferson y Aliecer Urrutia, y tiene una historia que contar.

Responsable del área de saltos del equipo nacional durante 18 años, trabajó en la confección de los primeros textos de entrenamiento escolar en la isla, asistió a no pocos eventos internacionales y prestó colaboración en un lugar tan impensado para el deporte rey como Kuwait.

Nació en Cienfuegos, pero desde hace mucho vive en La Habana, gusta decir que “importó” a su esposa desde la antigua Unión Soviética y aunque pronto cumplirá 74 años de edad exhibe una vitalidad envidiable, seguramente aportada por la actividad que confiesa extrañar cada día.
Cuando supo del interés de JIT respondió de manera inmediata y nos recibió en su casa de Cojímar, a escasos kilómetros del Estadio Panamericano, donde desde una discreta esquina la esposa le observó todo el tiempo con admiración, recordando junto a él cada momento narrado.
Cuéntenos sobre su “noviazgo” con el béisbol
Antes competí en atletismo cuando estaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cienfuegos, pero después cambié y fui jardinero central en las tres primeras series, inicialmente con Orientales y después con Azucareros. E integré el equipo a los Juegos Centroamericanos de Jamaica´62.
¿Por qué el regreso?
En el 64 fui escogido para estudiar en Moscú Educación Física y Deporte con especialidad en atletismo. Como tenía mis antecedentes y tampoco había béisbol, esa era la disciplina más cercana para buscar una especialización. Seleccioné el área de saltos porque me gustaba mucho y tuve la suerte de ser asesorado por grandes entrenadores de aquellos tiempos.
¿Cómo atesora ese período?
Fue tan positivo que resultó parte importante de los éxitos que he tenido en el deporte, en primer lugar porque conté con profesores de una calidad tremenda. No olvidemos que la Unión Soviética lideraba el atletismo en el mundo, y tuve la gran suerte de que estaban muy ligados al equipo nacional, e hice mis prácticas con competidores de calidad, lo que me dio una visión enorme. Luego se suma el estudio, los análisis que uno sea capaz de hacer, el porqué de las cosas, racionalizar los entrenamientos, que es algo fundamental, pues en ocasiones le vas asignando una cantidad determinada de carga al atleta y no te detienes a pesar que con la mitad obtendrías lo mismo sin la pérdida de tanta energía. Hay que optimizar los entrenamientos, y los problemas técnicos son fundamentales.
¿Cuándo vuelve a Cuba?
Terminé de estudiar en 1969 y en el 70 comencé a trabajar en el equipo nacional. Fuimos a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá, a donde llevé a Jorge Stevens y Ernesto Boy en salto de longitud, y luego pasé al triple salto con Gustavo Pla, que saltó 17 metros en ese tiempo. Creo que ahí empezó a fundarse la escuela del triple, porque Pérez Dueñas ya había implantado el récord mundial (17,40 en Cali´71),
pero su entrenador era el soviético Leonid Scherbakov, y también estuvo muchos años aquí Robin Sarkov. Trabajé con ellos y cuando terminaron me quedé con la experiencia, y en esos momentos y comienzan a surgir figuras como fruto de nuestra responsabilidad.
¿Qué premios recuerda con más agrado?
Tengo varias medallas en mundiales bajo techo, y uno de los mejores momentos fue el de París 1997 con el primer lugar de Yoel García y el segundo de Aliecer Urrutia. En Budapest 1989 también fueron dos, con Jorge Reina, que fue un gran triplista, y Juan Miguel López, quienes terminaron segundo y tercero porque en los últimos intentos nos superó el americano Mike Collins, que era un hombre fantástico.
¿Cuánto se sufre como entrenador?
Es bastante difícil, hay momentos de gran satisfacción pero también de una tristeza enorme. No es fácil lidiar con caracteres diferentes, asumir que a veces esperas una cosa y por cualquier motivo no se obtiene. En mi caso, y creo que todos somos así, no se duerme, ardemos de los nervios. Yo “saltaba” junto con el atleta, y eso es un furor enorme.
Recuerdo que en los Juegos Panamericanos de Caracas´83 Reina obtuvo el primer lugar y Lázaro Betancourt el segundo, y de la intensidad de aquella competencia se me “disparó” la presión, me sentí muy mal y tuvieron que atenderme en la enfermería. Eso es lo que se sufre como entrenador.
¿Llega a saberse todo?
Jamás se deja de aprender. Si el entrenador piensa que lo sabe todo es un fracaso, porque hay que estar permanentemente atento, inclusive cuando iba a las competencias me fijaba en el calentamiento otros atletas de calidad y después los estudiaba, detallando por qué y cómo hacían este o aquel movimiento, hasta los masajes que se daban. La superación tiene que ser continua, ser un estudioso de tu profesión, y por eso no descansas. Por ejemplo, cuando estábamos entrenando mi descanso los fines de semana era sentarme a analizar los planes, valorar su impacto, sacar conclusiones.
¿Qué elogiaría de sus 18 años al frente del área de saltos?
Implementamos reuniones semanales para los colectivos técnicos, que entonces integraban entrenadores de un prestigio y un peso enorme como José Godoy o Ricardo Guadarrama. Analizábamos el trabajo con de Sotomayor y Godoy exponía lo que había hecho. En primer lugar le ayudábamos, pero todos nosotros aprendíamos del salto de altura y de esos compañeros, porque el atletismo es individual pero hay cosas generales que uno tiene que conocer. Se hacían análisis sobre los principales atletas, nos aconsejábamos mutuamente, era una escuela que rompió con el tabú de no enseñarnos el trabajo uno a otros. Sigfredo Bandera fue un gran alumno nuestro, aprendió con nosotros.
¿Lo que no puede faltar para ser buen saltador?
La explosividad y la velocidad son fundamentales, los cubanos también tienen bastante saltabilidad. Históricamente Cuba ha sido un país de velocistas, por ejemplo Iván Pedroso, para mí el mejor saltador de longitud del mundo, tenía una velocidad fantástica. Jaime Jefferson, el segundo mejor saltador de longitud que ha dado este país, hacía 10.25-10.26 segundos en 100 metros.
Ya que menciona a Iván, ¿qué comentaría sobre él y Yoelbi Quesada?
Iván es mundial, una de las cosas más grandes que hemos tenido. Y Yoelbi también fue fantástico, aunque tal vez no se le dio la promoción que merecía. Pero fue espectacular, además de un atleta muy modesto, y creo que la prensa no lo resaltó como debía.
¿Se diferencian mucho los cubanos de otros atletas?
Depende del lugar con que los compare. En Kuwait, que es mi experiencia personal, prima una mentalidad distinta, pero cuando logras compenetrarte con ellos los vas llevando por el camino que quieres y obtienes resultados, porque también tienen cualidades físicas. Solo que su nivel de vida es muy alto y a veces toman esto como un hobby y no le ponen la debida atención, así que lo primero es lograr que amen lo que estamos haciendo.
¿Cuál fue el momento más disfrutado?
Todas las medallas en Juegos Panamericanos, por aquella presión con los norteamericanos. También el récord mundial bajo techo de Urrutia en 1998 y las medallas del mundial bajo techo en París, un año antes. Afortunadamente fueron varios los de gran satisfacción que me brindaron los atletas.
¿Y los peores?
Los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, donde fueron tres atletas míos, Urrutia, Yoel y Jefferson, y no asistí por problemas de reducción de la delegación. Aunque fueron atendidos por un buen entrenador estuvieron un poco disgustados con la decisión y ninguno clasificó para la final, lo que resultó un tormento para mí. También se perdió la oportunidad de competir en los años 84 y 88, cuando teníamos atletas de enorme calidad, y fue una generación perdida después de tanto trabajo. Jefferson estaba muy bien... Jorge Reina, Lázaro Betancourt... Para mí y todo el que lo pasó fue un dolor terrible, porque lo entendimos pero lo sufrimos mucho.
¿La recompensa mejor?
El reconocimiento. Cuando los atletas te reconocen el trabajo que realizado con ellos, cuando hablan de ti en una entrevista o sabes que te mencionan de manera positiva en cualquier lugar, está latente tu labor. A veces estoy en facebook y recibo mensajes de atletas que fueron míos y están trabajando fuera y me escriben, me agradecen el tiempo que estuvieron junto a mí, y eso me emociona. Me reconforta un mundo cuando dicen «Profesor jamás se me olvida el trabajo con usted», o «Cuánto le agradezco». Eso es lo más grande.
¿Un consejo para los que quieren seguir sus pasos?
En primer lugar que nunca piensen que lo saben todo, aquí siempre se aprende algo, nunca tienes la verdad absoluta, porque los entrenamientos deportivos son muy complejos, la auto superación es fundamental. Y otra cosa: el entrenador no es solo ir al estadio y dirigir el trabajo, tienes que buscar literatura, estudiar y escuchar el consejo de todo el mundo.
¿Entonces el atletismo definitivamente?
Siempre. Estoy jubilado y todavía añoro la actividad. A cada rato voy al estadio y me pongo a ver los entrenamientos, es una cosa no puedo aguantar, algo que no está en mí, porque crecí, me crié y me hice adulto en el atletismo. Si volviera a nacer volvería a ser entrenador de atletismo.

 

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