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El estirón más largo
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Las mayores satisfacciones le llegaron siendo entrenador, tras no cumplir todos sus sueños enuna carrera deportiva truncada por lesiones.
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La Habana (26 nov).- COMO a muchos otros, las mayores satisfacciones le llegaron siendo entrenador, tras no cumplir todos sus sueños en una carrera deportiva truncada por lesiones.
Oro en el Campeonato Mundial juvenil de Sudbury, Canadá, en 1988, y récord nacional de la categoría en el Iberoamericano celebrado antes en La Habana parecían el definitivo anuncio de una estrella en el salto alto, pero no todo fue así.
Sin embargo llegaron dolencias físicas que tras acumular experiencia científica y personal Luis Bueno achaca hoy a no tener «una preparación adecuada para asimilar las grandes cargas requeridas por la alta competición».
Los entrenadores detectaron temprano su «fuerte complexión y se empeñaban más en la técnica», declaró a JIT luego de una jornada de trabajo con atletas discapacitados en las afueras del estadio Panamericano.
En el césped exterior hizo hincapié en el componente físico de un grupo en el que destacan el campeón paralímpico de Londres´12 y recordista mundial de la categoría F13 (débiles visuales) Luis Felipe Gutiérrez y el titular de Atenas´04 y segundo en la capital británica Ángel Jiménez.
La conversación permitió conocer que terminada su vida activa en 1996 se graduó de Licenciado en Cultura Física y pasó a laborar con deportistas discapacitados, con resultados que reconoce como «mis sueños realizados».
Los triunfos del deporte revolucionario en la década de los años 70 del siglo pasado y las facilidades para su práctica llevaron al muchacho capitalino, nacido un 22 de mayo de 1969 en Maternidad de Línea, a involucrarse en el atractivo y complicado mundo atlético.
¿Cuándo y cómo llegaste al deporte?
Fue a los 11 años en el CVD Fe del Valle, ubicado en La Habana del Este, con la profesora Rosa Hernández. En ese tiempo era en pruebas combinadas, que consistían en salto largo, 60 metros, 60 metros con vallas, lanzamiento de la pelota y mil metros.
En mis primeros Juegos Escolares Nacionales no pude alcanzar medallas pero en los siguientes, los últimos en la categoría 11-12, sí me llevé el primer lugar.
Ya en la 13-14 tuve la oportunidad de representar a Cuba por primera vez en una competencia internacional en 1983 en Budapest, Hungría, y obtuve el oro en 60 metros, plata en el salto y bronce en el lanzamiento de la pelota.
¿Eso te abrió las puertas a los equipos grandes?
No, primero me captaron para el Centro de Experimentación de Deporte (CEDA) Manuel Permuy, que después se convertiría en la ESPA provincial. Era como una pre-EIDE, y ya en la categoría 15-16 gané el título en el salto largo, algo que me propició la matrícula a la EIDE Mártires de Barbados.
Entonces fui a los Juegos Juveniles de la Amistad con los países del área socialista en Bucarest, Rumania, y lastimosamente no pude competir bien por una lesión.
Después llegué a primeros lugares a nivel centroamericano, panamericano y mundial. En el Iberomericano del 86 aquí registré 8,25 metros que fue récord nacional juvenil, solo a ocho centímetros del mundial, al romper el 8,12 de David Giralt. El continental fue en el Distrito Federal de México al siguiente año.
La consagración llegó en Canadá, ¿estabas preparado para eso?
En Sudbury solo registré 7,99 metros que bastaron para ganar. Fue una de las tres medallas de nuestra delegación, con las otras para los vallistas Aliuska López y Reynaldo Quintero.
Era una buena época del atletismo cubano. Yo por ejemplo coincidí en mi especialidad con Jaime Jefferson, Ubaldo Duany, Juan Francisco Ortiz y otros que saltaban por encima de los ocho metros, lo cual daba mucho fogueo y experiencia.
Entonces apareció el fantasma de las lesiones.
Me impidieron avanzar con la misma fortuna en las categorías mayores. No hubo la progresión que esperábamos mis entrenadores y yo. Cuando subía la intensidad de las cargas aparecía una molestia. Me hicieron disímiles pruebas en el hospital Frank País y dictaminaron principalmente que las características de mis fibras eran cortas, muy fuertes.
Constantemente sufría de ruptura de bíceps femorales. Con el aprendizaje en la licenciatura y la experiencia como entrenador pienso que faltó preparación desde el principio, o sea una base sólida. Los técnicos me veían fuerte y realmente estaba débil por dentro.
Fue un retiro prematuro, ¿cómo lo asimilaste?
Tenía solo 28 años. No pude pasar de los 8,28, que fue mi mejor marca, porque no aguantaba las cargas y ahí se acabaron los sueños de llegar a los 8,70.
En 1996 entrenaba con Sigfredo Banderas, en un grupo donde destacaban Yoelbis Quesada y Joel García, y venía surgiendo Iván Pedroso, entre otros con muchas perspectivas que no iban a permitir mi inclusión en equipos cubanos.
Banderas habló conmigo y me propuso que pasara a colaborador suyo. Comprendí y acepté, pues lo mío era seguir en el deporte.
¿Desde entonces con los atletas discapacitados?
Sí, dado que Banderas tenía bajo su mirada a Enrique Cepeda, que ese mismo año ganó en los Juegos Paralímpicos de Atlanta, pero yo solo ayudaba. Al año siguiente pasé a trabajar directo con Cepeda y otros como Ana Ibis Jiménez y Fernando González.
¿Habías pensado en esa labor?
No, al retirarme solo quería trabajar con niños, convencionales o no, para trasmitir mis conocimientos.
¿Hay diferencias en la metodología del entrenamiento?
En realidad no, solo cambia el trato directo con ellos, de acuerdo con sus patologías. El secreto está en la palabra y adecuarles las técnicas según sus características.
La única particularidad es que siempre se debe comenzar con la parte técnica, porque a diferencia de los convencionales ellos no pasan por los centros del sistema deportivo. Tras su captación se les debe enseñar los rudimentos de cada especialidad y eso es más difícil con personas de más edad.
Tras llegar a jefe del colectivo de entrenadores de esa área ha habido un reto constante.
Desde el 2000 estoy al frente de la cátedra y con cada ciclo paralímpico son más fuertes las exigencias, hasta Londres, donde nuestra mejor actuación histórica tuvo muchos elementos en contra antes de las competencias y allí mismo.
Sobre eso último recordemos que antes la entrada de los atletas era libre y ahora es por un sistema de clasificación que exige participar en dos competencias reconocidas por las federaciones del Comité Paralímpico Internacional.
Por ejemplo, para Londres dejamos tres medallistas, incluido un campeón de Beijing, y Daineris Mijans no pudo participar en el salto de longitud F12 por carecer de marca reconocida, aunque al menos hubiera sido medallista de plata.
Esperamos resolver eso para Río de Janeiro´16, que además pudiera tener en contra la reducción de algunas modalidades si se aprueba el calendario propuesto. Si es así Yunidis Castillo solo podría aspirar a títulos en 100 y 400 metros.
Habrá que esperar, pero el trabajo seguirá dirigido a los mejores resultados con las opciones que tengamos, lo que definirá poder proponernos mejorar la actuación de Londres. De lo que sí estamos seguros es de la labor nuestra y el apoyo de las autoridades para conseguirlo.
Así ratificó su confianza en el colectivo que dirige, mientras se encaminaba al estadio con sus muchachos, entre quienes figuran también el campeón en la capital china en los 400 m T13 Luis Manuel Galano y el joven Raciel González, doble plateado en la cita londinense en 100 y 200 m T46.
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